Los Beatniks graban en 1966 el primer disco del rock nacional: Rebelde
REBELDE  

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Leon Gieco
DE CAÑADA ROSQUIN A PLAZA DE MAYO
Recopilado y enviado por Daniel Buero
Del libro
"Crónica de un sueño", de Oscar Finkelstein (periodista de Clarín y ex colaborador de Página 12, El Periodista, El Porteño y Play Boy).

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PRIMERA ENTREGA

Todos los gritos fuertes nacen de la soledad

Leon Gieco"Cuando veíamos pasar los aviones, que no se por qué llamábamos Comet 4, el espectáculo del campo se ensanchaba. Pero mi primo no los veía. Me acuerdo que le pregunté a mi tía Nélida por qué yo podía verlos y él no, y me acuerdo especialmente de los importante que me sentí cuando todos comentaron que gracias a mí se habían dado cuenta que Hugo, mi primo, necesitaba usar anteojos. Es la misma sensación, una sensación que todavía siento cada vez que lo recuerdo, que tuve cuando mi viejo contó con orgullo cómo yo le había avisado que el caballo del tumbero había pisado un hormiguero y que las hormigas le subían por las patas. Mis viejos eran buenos conmigo, eran tipos que sabían agradecer. Pero hay cosas que todavía no puedo ni quiero entender. Por ejemplo, yo quería ir con mi viejo cuando él salía a caballo. Mi vieja me mentía, me decía que se iba a hacer la conscripción, porque a mí siempre me había llamado la atención una foto de mi viejo con uniforme, mientras hacía la colimba. Con el tiempo me dí cuenta que la conscripción no duraba tanto y que mi viejo se iba por ahí, pero nunca nadie me dijo por qué. Se iría al pueblo a jugar a las cartas, no sé. Y volvía tarde, muy tarde. Y yo me quedaba llorando".

 

Amelia, la única maestra del único curso

Leon Gieco"Amelia era muy joven y muy hermosa. Era la mujer más hermosa que había visto en mi vida

"Ella no solamente me enseñaba sino que me daba mucha participación, me tenía una consideración especial porque era el más chiquito de todos. Me acuerdo especialmente de un 25 de mayo, un acto en el que participaban todos los padres y donde yo tenía que recitar una poesía. Cuando iba por la mitad de la primera de las dos estrofas, me olvidé y le pregunté a mi vieja: ¿cómo sigue, mami?... Todavía hoy, cuando de vez en cuando me doy una vuelta por ahí, a comer un asado en la vieja casa familiar, me acerco a la escuelita, que es apenas una casita perdida y deshabitada en medio de un campo que parece no tener dueño y me pongo a escuchar el silencio del lugar.

"Es entonces que pienso en los chicos que nacen y se crían en la ciudad, con todos sus ruidos, y llego a la conclusión de que necesariamente hay una gran diferencia en lo que perciben sus oídos y los de un chico nacido en el campo, con ese silencio capaz de producir tanto una apertura mental como una percepción holofónica de los sonidos".

"Cuando me fui a vivir al pueblo añoraba el campo y siempre que había una oportunidad me iba para allá y disfrutaba del paisaje y hasta del trabajo rural, que es algo que siempre me gustó. Pero en poco tiempo empecé a gozar del pueblo porque era todo un descubrimiento, era algo totalmente nuevo. El pueblo era un lugar que prácticamente no conocía. No conocía a la gente, los códigos, los trabajos. Por eso recuerdo la excitación que me provocó la llegada del camión que vino a buscar nuestras cosas al campo. Recién entonces me di cuenta que la cosa iba en serio, que era cierto que dejábamos nuestra casa. Estaba ansioso pero tenía la tranquilidad de saber que podía volver en cualquier momento. Que mis tíos se quedaban allí y que podía retornar a ése, mi lugar, cuantas veces quisiera. Y volví. Volví muchas veces. Muchas veces. Pero nunca fue igual..."

"A mi viejo le gustaba timbear y chupar, aunque nunca fue un alcohólico violento. Pero había una gran violencia en mi casa, mis viejos se la pasaban peleando porque la plata no alcanzaba. Me acuerdo que empecé a ir a la verdulería y a la carnicería para averiguar cuánta plata debíamos. Empecé a hacerme responsable de eso porque yo era el que estaba en el medio de todo, veía como mi vieja buscaba plata en el bolsillo de mi viejo, era un gran descontrol. Fue en ese momento, al poco tiempo de mudarnos al pueblo, que me di cuenta que tenía que trabajar y yo mismo me fui a ofrecer a la carnicería.

"Mi mamá se levantaba a las cinco de la mañana y me despertaba para ayudarme a hacer los deberes de la escuela. Yo trabajaba desde las siete hasta las diez de la mañana todos los días."

"Cuando terminaba el mes cobraba mi sueldo y hacía la recorrida por los distintos negocios para achicar un poco las deudas. Era un placer ver como tachaban parte de la cuenta de la libreta de fiados. Al margen de estos problemas, mi viejo era un tipo cariñoso y jodón. Cuando era chico me sentaba en sus rodillas y me apretaba los barritos, me revisaba las orejas, estaba cerca de mí por momentos..."

"A los ocho años ya tenía dos trabajos. Para calmar los ánimos, cuando cobraba le daba la guita a mi mamá y ella iba tapando los agujeros.

"En el campo era otra cosa porque jugaba y disfrutaba mucho de la vida, pero en el pueblo tuve una infancia muy pesada."

"Como el dinero no abundaba, los regalos que recibía en Navidad eran cosas que necesitaba: una camisa, una camiseta de frisa, cosas por el estilo. Y a mí me daba mucho pudor no compartir la alegría de un juguete nuevo con los pibes del barrio. Por eso, cuando tenía siete años, me hice mi propio regalo de Navidad: el juego de 'El estanciero'. Me acuerdo que lo compré a escondidas y lo guardé debajo de mi cama para que mis viejos no lo vieran. El 25 a la mañana, cuando todos los chicos salieron a la calle a mostrar los regalos que les había traído 'el niño Dios', me aparecí con 'El estanciero'. Estaba orgulloso porque había conseguido zafar de esa situación. Pero en el fondo estaba triste. Muy triste."

"Cuando iba con la bicicleta de reparto a entregar carne, siempre que llegaba al Bar Mayo me cruzaba con otro repartidor mucho más grande que yo (tendría unos 18 años y yo solamente 8) que estacionaba su bicicleta afuera y se sentaba en una mesa a desayunar un café con leche con galletitas Express untadas con manteca y dulce de leche. En ese momento para mí era como una comida de reyes, y lo envidiaba profundamente. De a poco, no se por qué, empecé a imitarlo, a hacer las mismas cosas que él. Estacionaba la bicicleta de la misma forma que lo hacía él, me sentaba en una mesa y le pedía al dueño del bar lo mismo que pedía el otro, y cuando él se iba - que le decía 'chau Riguetti' -, yo también me levantaba de la mesa y le decía 'chau Riguetti'. Y me iba. Y así todos los días. Nunca se me ocurrió que tenía que pagarle el desayuno. A fin de mes, cuando fui a cobrar el sueldo, Cavallero - el carnicero - me pagó muchísimo menos de lo que habíamos acordado. Cuando me explicó que me había descontado los desayunos que yo había tomado en lo de Riguetti no lo podía creer. Es decir que, aunque por un lado era un pibe responsable y trabajador, había un montón de cosas que no conocía".

"Todo el trámite de la guitarra lo hice solo, por mi cuenta. Y cuando estaba todo cocinado, una noche mientras estábamos cenando, les dije a mis viejos que me iba a comprar una guitarra, que ya había hecho las cuentas y que con lo que me pagaba la Raciatti iba a poder cumplir perfectamente con las cuotas. Al día siguiente fui a buscarla pero como no me alcanzaba para comprarle una funda, me la envolvieron en papel madera. Ni bien llegué a mi casa, me senté debajo del paraíso que había en el patio y me puse a tocar. Lo primero que hice fue sacar algunas melodías como 'Si Adelita se fuera con otro', que era una de las canciones que cantaba mi viejo, que en ese momento era la única referencia musical que tenía."

"El Día de los Muertos se estilaba ir al cementerio y se pasaba allí todo el día...No era una fiesta sino una celebración. Se juntaba toda la gente del pueblo, llevábamos flores y había puestos que vendían helados y Bidú-Cola. Los grandes se juntaban a conversar y los chicos nos pasábamos todo el día jugando. Desde esa época es que me atraen tanto. Cuando voy a mi pueblo nunca dejo de pasar por el cementerio, es como impedir que se borren de mi memoria las personas que conocí y que ya no están. Y en la época de la dictadura, nos íbamos con Alicia, mi mujer, en el auto (un Fiat 128 que le había comprado a Edelmiro Molinari cuando se fue a vivir a Los Angeles) al cementerio de la Chacarita a tomar mate, comer facturas y leer La Opinión. Era otra manera de alejarse de los ruidos de la ciudad y de la violencia que había en todos lados."

"A medida que iba escuchando más a Cafrune me iba fanatizando, era un ídolo absoluto para mí. Cuando escuché por primera vez en la radio 'Zambita para Don Rosendo', donde Cafrune hace un falsete increíble, algo que nadie nunca había hecho antes, me volví completamente loco. La única vez que me pasó algo así fue cuando, varios años después, escuché a Joe Cocker. Y un día, casi sin darme cuenta, me encuentro con que Cafrune viene a tocar al pueblo. Todavía hoy me acuerdo de todo el espectáculo, lo que cantó, las cosas que dijo. Pero lo más impactante fue cuando me invitaron a conocerlo personalmente y me presentaron como 'el Cafrune de Cañada Rosquín'. Y ahí, en el camarín, parado frente a él, me puso la mano en la cabeza y me dijo: 'Por algo las cosas se dicen'. Estas palabras son totalmente claves, más aún sabiendo que ese círculo mágico terminó cerrándose a la perfección, porque Cafrune presentó a Mercedes Sosa en Cosquín y la Negra fue la que me llevó por primera vez a ese festival"

"Eramos dos guitarristas, un bajista, un baterista y dos cantantes, uno de los cuales era yo. Es decir que teníamos dos grupos: el cuarteto folklórico y Los Moscos (un nombre que de algún modo se emparenta con el de Beatles, una deformación de beetles – escarabajos -), la primera banda de rock en la que estuve... El único horario disponible para ensayar era a la noche tarde y una vecina protestaba por el volumen de la música. Los hermanos Fumero acondicionaron el sótano de su casa para los ensayos. Nos pasábamos varias horas tocando y tomando mate, y en realidad los ensayos terminaban cuando ya no podíamos aguantar las ganas de mear. Entonces salíamos y meábamos en la calle, frente a la casa de la vecina que se quejaba. Eran tantas las ganas que teníamos de mear que jugábamos a ver quién podía escribir con el chorro su nombre y apellido sobre la calle de tierra. Ya en ese momento mandábamos un giro a Buenos Aires para que nos mandaran la revista 'Pinap', gracias a la cual conocimos a los Beatles, Rolling Stones, Los Gatos Salvajes y toda la música nueva que se venía. Hace poco, cuando Horacio, el bajista, vino de visita desde Barcelona, donde vive actualmente, y coincidimos en Cañada, volvimos al sótano y lo encontramos igual que como era entonces. Con las fotos de Sinatra, el Che Guevara, Jimi Hendrix, Spencer Davis Group, The Who, con un extractor que habíamos instalado para no morir asfixiados ¡ y con una luz que todavía funcionaba!"

"La primera imagen que recuerdo haber visto por televisión es la de una publicidad de cerveza Quilmes, que decía 'sube, sube, sube la espumita'. Son esas cosas que nunca se olvidan. Pero la imagen que me cambió la vida fue la de Almendra tocando 'Muchacha ojos de papel' en el programa de Pipo Mancera. En ese momento, un sábado a la tarde mientras almorzaba después de haber salido a vender empanadas, sentí que eso era lo que yo quería. Que esa música era la que yo quería escuchar, componer, tocar. Que no había mejor música en el mundo. Que Spinetta era Gardel y que estaba conociendo a un grande, a un clásico. Fue como una revelación, una iluminación. Mi relación con la música no volvió a ser la misma desde ese momento. Yo no volví a ser el mismo. La música no volvió a ser la misma (años más tarde, en 1989, escribirá en el suplemento Sí, del diario Clarín que 'Spinetta es un artista de los grandes. Frente a él me sigo sintiendo igual que antes, igual que siempre; yo, vendiendo empanadas; él, cantando por televisión). Poco tiempo después, en la propaladora de mi pueblo, escuché 'Mister Tambourine', la canción de Bob Dylan que cantaban los Byrds. Y me pasó lo mismo. Muchos años después registré por tercera vez la misma sensación. Fue cuando escuché a Charly García con Sui Generis."

León y Horacio (Fumero) llegan a Buenos Aires, la ciudad está desierta. Al día siguiente, sábado, el microcentro se muestra desnudo, caluroso y húmedo (verano del 69). Como en sus primeros días en Cañada, León se va aventurando de a poco. Va caminando por Defensa hasta Diagonal Norte y desde allí hasta el Obelisco. El trayecto es breve y parece seguro. No hay demasiadas posibilidades de equivocarse.

León y Horacio pasan el fin de semana repasando prolijamente los pasos a seguir. Tienen poco dinero, muchas ganas, algunas espectativas y dos direcciones: la de Horacio "Droopy" Gianello - baterista de Arco Iris, a quien conocieron en el pueblo cuando fue a tocar acompañando al dúo Juan y Juan - y la de un tal Polastri, que le compraba quesos a la empresa láctea de Bachietta (integrante de Los Moscos, grupo de León en Cañada, y encargado de bautizar a León con este apodo).

"Una de las experiencias más fuertes de mi vida es la llegada a la estación Retiro. No veníamos de vacaciones, no estábamos paseando. Llegamos a las seis o siete de la mañana de un día de marzo con mucha neblina, tanta que no podíamos ver donde terminaban los edificios. En ese momento comprendí el significado de la palabra rascacielos, que siempre me había llamado la atención. El único dato que teníamos era el que me había dado un primo mío, que había venido a Buenos Aires a jugar al fútbol, y era que había unas pensiones muy baratas cerca del Nacional Buenos Aires. Cuando bajamos del tren (yo con mi valija y la guitarra y Horacio con la valija y el bajo) cruzamos la avenida y fuimos a la Plaza Britania, donde está la Torre de los Ingleses. Le contamos nuestra situación a un policía y le preguntamos cómo podíamos hacer para ir hasta el Nacional Buenos Aires. 'El colegio queda en la otra cuadra del Cabildo', nos dijo. '¿Qué Cabildo?', le preguntamos. 'El único Cabildo que hay, el que está en Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada', nos dijo. No lo podíamos creer. Habíamos visto el Cabildo toda la vida en las figuritas de Billiken pero nos sorprendió que fuera uno de los primeros lugares que conoceríamos de Buenos Aires... Estaba amaneciendo, empezaba a haber un poco de movimiento y los pibes ya estaban yendo al Nacional Buenos Aires. Pero nos miraban como a extraterrestres cuando les preguntábamos por una pensión. El dato era que había varias pensiones para estudiantes cerca del colegio, por la zona de Moreno y Defensa. Justo en la esquina había un edificio que tenía la puerta abierta y entramos. Tenía cuatro pisos y a medida que subíamos nos dimos cuenta que en todas las puertas decía 'pensión'. En una de las puertas apareció un tipo que nos dijo que tenía una habitación con dos camas y que costaba mil pesos por mes. Le pagamos la mensualidad por adelantado, acomodamos la ropa y nuestras cosas y cuando terminamos de instalarnos, nos miramos sin entender nada. Estábamos en Buenos Aires, en pleno centro, a dos cuadras del Cabildo, de la Plaza de mayo y de la Casa Rosada. En la pensión Prieto."

"...La onda era resistir. No se nos cruzaba por la cabeza la idea de volver al pueblo sin haberlo intentado todo. En realidad, por orgullo, jamás íbamos a regresar a Cañada."

"En esos primeros tiempos en Buenos Aires me di cuenta de lo que significa el hambre, bajé casi diez kilos de peso y teníamos que hacer piruetas para que no se nos termine la poca plata que teníamos..."

 

León telexista

Leon Gieco"...Quien me enseñó a manejar el télex era la secretaria del jefe, que me decía cómo se hacía mientras me apoyaba sus enormes tetas en la espalda... Y así aprendí el oficio de telexista...Sentía que Buenos Aires era pan comido. Tenía trabajo, vivienda, iba conociendo gente y hacía la misma vida que los otros telexistas."

Durante uno de sus turnos de noche, León escucha por la radio una entrevista a Arco Iris en 'Modart en la noche' donde dicen que dan clases de música en la calle Venezuela al 1400, la misma dirección que el baterista Horacio 'Droopy' Gianello les había dado cuando fue a tocar a Cañada.

Y león elige la oportunidad para estudiar con el guitarrista, cantante y compositor de Arco Iris, Gustavo Santaolalla. Llega hasta Venezuela al 1400 y se anota bajo el nombre - ya no seudónimo - de León.

"...Hasta ese momento yo era Raúl Gieco en los documentos y León en la vida. Nunca había asociado el apodo con el apellido, por eso me sonó raro cuando Gustavo Santaolalla me llamó León Gieco. Me acuerdo que abrió la puerta del estudio y cuando pronunció el nombre se rió, nos reímos los dos, casi como si nos conociéramos de toda la vida, como dos viejos compinches. Lo que más me impactó fue que me trató como si fuera un músico y no un alumno. Me preguntó que quería aprender pero yo no sabía exactamente que buscaba ahí. Le dije que tenía cinco o seis temas compuestos ('María del campo', 'Todos los caballos blancos', 'Campesinos del norte'), que fueron los primeros que compuse en mi vida.

"Los temas realmente le gustaron, creo que no se esperaba eso. Entonces me dijo que íbamos a escuchar un poco de música. Puso Crosby, Stills, Nash and Young, Joan Baez, Bob Dylan y aunque no entendía las letras supe exactamente de qué se trataba todo."

Sigue asistiendo a las clases de Santaolalla, que en realidad nunca fueron tales sino largas audiciones de música folk.

En esa época el armoniquista Jacko Zeller le propone grabar un disco para la RCA. Le paga cuatro horas de grabación en los estudios TNT, donde León graba acompañado de Horacio en bajo y una segunda guitarra. El resultado parece bueno pero Zeller le cuestiona el repertorio y le ofrece grabar temas de los Bee Gees y otros que Zeller había compuesto 'especialmente para su voz', todos con arreglos y acompañamiento de Horacio Malvicino. Es entonces cuando recibe un ultimátum de Santaolalla: 'Si te vas a grabar con Zeller no sos más mi amigo. Podés elegir entre grabar canciones estúpidas o esperar a grabar tu propia música, que después podemos vender a alguna compañía grabadora. Yo te voy a ayudar'.

León cree que si rechaza la oferta de Zeller habrá desperdiciado una buena oportunidad. Sin embargo, por intuición o para no perder a su primer amigo porteño, no la acepta. Sigue trabajando en Entel pero su mente, su corazón y sus bolas (los tres instrumentos esenciales para tocar jazz, según Louis Armstrong) están puestos en la música.

"Para la misma época leí en una revista Pinap un aviso de los estudios Phonalex, que estaban en la avenida Santa Fe, que ofrecía grabar un simple de promoción pagando solamente las horas de grabación. Fui a averiguar y al día siguiente me aparecí en el estudio con una guitarra que me prestó un pibe

"En un lado del simple grabé el primer tema que compuse (que no está en el primer LP) y en el otro un tema de los Bee Gees que se llamaba 'Comenzó con una broma'. Como no sabía inglés lo cantaba por fonética con el más puro acento cañadense. El gordo del estudio se reía como loco por mi pronunciación y me dijo que no sabía por qué pero no quedaba mal. A la semana fui a buscar el simple (hacían una única copia) y me fui corriendo a escucharlo en el Wincofón. Sonaba bárbaro, le habían puesto cámaras de reverberancia a la voz, era un disco en serio..."

León se relaciona con Osvaldo Ripoll, el director de Pelo, que le ofrece un pequeño trabajo en la revista como crítico de discos. Comenta 'Harvest', de Neil Young, el primero de Alma y Vida y 'Desatormentándonos', el debut discográfico de Pescado Rabioso.

Mientras tanto, León comienza a grabar su primer LP en los estudios Netto, con arreglos de Gustavo Santaolalla y con Guillermo Bordarampé y Horacio Gianello (ambos del grupo Arco Iris) en bajo y batería, respectivamente. Como el estudio tenía dos canales, para multiplicar las pistas graban en esos dos canales, mezclan para pasarlo a uno solo, vuelven a grabar en el otro y así sucesivamente.

En esa misma época, León forma parte del movimiento 'Canción de la Resistencia', en el que militan, entre otros, Roque Narvaja.

"El departamento de Sarmiento y Uriburu comenzó a ser una especie de punto de reunión para muchos músicos. El ex guitarrista de Manal, Claudio Gabis, Litto Nebbia, que también tocó con Horacio. Me parecía increíble que Claudio, a quién conocía no solo por la música de Manal sino por las notas que aparecían en la revista Pinap, y Litto, que para mí era un ídolo desde la época de Los Gatos Salvajes, me visitaran en mi departamento de Buenos Aires. No podía creer que el autor de 'La Balsa' se quedara dormido en mi cama después de tomarse unos cuantos whiskies (aunque jamás lo vi en pedo)

"Me había pasado la vida en el campo y en un pueblo de un par de miles de habitantes y con poco más de un año en Buenos Aires ya compartía las actuaciones con uno de los inventores del rock nacional y era amigo del primer guitarrista de blues de la Argentina y de Pajarito Zaguri, otro de los pioneros de esta música. Recién había cumplido veinte años, había zafado de la colimba y comenzaba una carrera artística en Buenos Aires. Era demasiado."

"Para uno de esos recitales en Luz y Fuerza, invitamos a Miguel Krochik (con los años se convertirá en dueño de los estudios Panda) y a Sui Generis. El recital lo iba a abrir Krochik, después tocaba Sui Generis y al final Miguel y Eugenio y yo, que éramos algo así como los legítimos dueños de la pelota. Pero cuando llegó el momento de la entrada de Sui Generis, apareció el gordo Pierre (Pierre Bayona, manager del dúo y personaje mítico en la historia del rock nacional) y nos dijo que no podía encontrar a Charly por ningún lado y que sin él no era posible salir a tocar. '¿Qué querés que haga? Toquen ustedes', me dijo. Por supuesto, cuando terminamos apareció Charly, que se había escondido para reservarse el cierre del recital por consejo de Pierre. Eso quiere decir que Charly viene haciendo lo mismo desde esa época y lo peor de todo es que uno no puede enojarse con él, porque siempre le quedó bien hacer ese tipo de cosas. El recital lo habíamos organizado nosotros, ellos no habían hecho nada pero habían conseguido cerrar el espectáculo. Esa fue la primera vez que vi tocar a Sui Generis. Cuando lo vi tocar a Charly pense 'voy a armar una banda para que me acompañe y el tecladista va a ser Charly'. Que iluso. A partir de ahí empezamos a ser amigos y a compartir un montón de experiencias artísticas y personales. Hasta hoy."

"Pocos días antes de las elecciones, Cámpora vino a Entel a mandarle un telex a Perón y justo cayó en mi cabina, así que me tocó a mí mandarlo. Estaba muy emocionado, fue glorioso; me acuerdo que salimos a la calle a despedirlo, le pedíamos autógrafos, le decíamos 'Tío, sos lo más grande que hay...'. Y el 11 de marzo salí a festejar, estaba todo el país en la calle porque había mucha esperanza, parecía que la cosa podía funcionar, era impresionante. De pronto, en medio de la gente que saltaba y gritaba, me encontré con Alicia, que ya se había separado de Horacio. Estuvimos juntos todo el tiempo y después fuimos al departamento y pasamos juntos toda la noche. Desde ese momento, Alicia fue mi mujer (y lo sigue siendo) y siempre fue un respaldo muy importante para mí..."

"...Una tarde que me tomé un taxi porque llegaba tarde al laburo de Entel, escuché que en la radio estaban pasando 'En el país de la libertad', el primer tema de difusión del LP que acababa de salir. Le dije al taxista que parara, me puse a caminar por Corrientes y entraba en todas las disquerías a ver mi primer LP. A Entel no fui nunca más, no avisé ni nada. Recién a los tres meses fui a visitar a mis compañeros de trabajo, que ya tenían pegadas en la pared de la oficina de Corrientes y Maipú algunas fotos mías que habían salido en un par de revistas. Estaba feliz, pero no tenía un mango y tenía que renovar el contrato de alquiler. Ahí es donde apareció mi personalidad de campesino especulador. Pensé: no tengo trabajo, el disco se está vendiendo pero todavía no aparece la guita y Alicia vive sola en el departamento de Thames y Corrientes, que los viejos le habían regalado cuando se casó con mi amigo Horacio. Era muy simple porque nos llevábamos muy bien con Alicia y yo podía solucionar un par de problemas a la vez. En definitiva, me fui a vivir con ella. Fue el departamento más caro que pagué en mi vida."

"Aunque siempre tuvimos diferentes formas para expresarnos a través de la música y de las letras, con Nito y Charly nos llevamos bien desde el principio. El departamento de Primera Junta, en la calle Cucha Cucha, donde vivían ellos, era una especia de club social donde nos reuníamos a divagar, a hacer planes, a fumarnos un porro. Yo estaba con Alicia, y Charly con María Rosa Yorio; éramos dos parejas de amigos que salíamos a comer o al cine y compartíamos días enteros juntos, todavía sin poder creer el éxito que estábamos consiguiendo. Era una época hermosa, podíamos andar por la calle tranquilamente, íbamos al cine, era una cosa muy piola. Incluso en el momento de mayor gloria de Sui Generis, era así. Me acuerdo que después de "Adiós Sui Generis" nos fuimos caminando por Corrientes con Alicia y de pronto vimos a Charly y a María Rosa comiendo de lo más tranquilos en un boliche, después de haber enloquecido a treinta mil personas en el Luna Park. Yo respetaba a Charly, le tenía cariño pero cierta desconfianza por la maniobra que había hecho con el gordo Pierre en Luz y Fuerza. En el fondo yo sentía celos, no envidia porque no es mi estilo, pero sí celos porque tenía las cosas muy claras en ese aspecto. Para colmo, el primer LP de Sui Generis salió como seis meses antes que el mío y pegó de entrada. Me acuerdo que un día nos encontramos en el bar "La Paz", estábamos tomando un café y los pibes le acercaban el disco para que se los autografiara. El firmaba y me miraba de reojo como diciendo "soy un capo, mirá como se vende mi disco". Yo no lo odiaba pero lo celaba. Sentía una profunda admiración por él, la misma que siento ahora; es el único músico argentino que me gusta con la misma intensidad con que me gustan Los Beatles. Yo soy uno de los muchos que lo quieren, lo admiran con ganas, le dan el lugar que merece y no lo van a ver morir en un escenario. Es un tipo que me conmueve, me parece un genio. Es brillante, lúcido y una muy buena persona".

Cuando el disco comienza a sonar con cierta insistencia en las radios y a tener una presencia cotidiana en las listas de ventas, llega la hora de salir a mostrarlo. León forma la Banda de los Caballos Cansados, con Rubén Batán en bajo, Vicente Busso (un alumno de Horacio 'Droopy' Gianello) en batería y un joven guitarrista recomendado por Batán, a quién va a escuchar a su casa en Ciudadela: Rodolfo Gorosito.

Leon Gieco
T
apa del segundo LP "Banda de Caballos Cansados"

Banda de Caballos Cansados
Interior del segundo LP "Banda de Caballos Cansados". Las tres caras
de sus músicos son de terror...

..."En octubre de 1974 tuve una experiencia terrible, la más terrible hasta ese momento. Estábamos reunidos en la oficina de Pepe Netto, que todavía manejaba todos mis shows, y de pronto entran tres canas que me dicen que tienen orden de detenerme. Me llevaron al Departamento de Asuntos Políticos (DAP), que estaba en la calle Moreno, a dos cuadras del Departamento Central de Policía y me dijeron que me habían detenido porque yo había cantado por televisión "John, el cowboy" y que en una parte decía "John mató al sheriff y el pueblo gritó libertad". Los tipos creyeron, o quisieron creer, que yo estaba anunciando el asesinato del comisario Villar cantando ese tema por televisión. Me dijeron que era un subversivo y me encerraron durante más de una semana en una celda de un metro por dos, con un colchón y una lamparita que estaba prendida las veinticuatro horas del día. A la noche se escuchaban gritos y movimiento de gente que traían y que llevaban no sé hacia donde. Con el tipo de la celda de al lado nos comunicábamos con golpes en la pared, hasta que a los dos o tres días, mientras todavía estaba incomunicado, escuché unos forcejeos y unos ruidos y nunca más volví a comunicarme con él. En ese momento pensé que a lo mejor lo habían trasladado a algún otro lugar, pero después me di cuenta de que seguramente lo habían matado. Cuando me levantaron la incomunicación empecé a recibir visitas y ya Alicia me traía comida y cigarrillos y me sentía más acompañado y más protegido. Fue el único episodio por el estilo que tuve durante el gobierno de Isabel Perón y López Rega porque, misteriosamente, nunca sufrí amenazas de la Triple A, como pasó con tantos artistas argentinos."

"A medida que la cosa iba creciendo, tanto por el lado de Porchetto o de Sui Generis como por el mío, nos íbamos dando cuenta que teníamos que estar más alertas, ser menos ingenuos. Ya me lo había anticipado Gustavo Santaolalla, que no teníamos que darles los temas a las editoriales de las compañías grabadoras, porque además de que se llevaban el 33 por ciento de las regalías, éstas pasaban a ser propiedad de la editorial de la compañía de por vida. Eran contratos muy leoninos, que solamente contemplaban los intereses de la grabadora y que encima hacían el negocio de cobrarte una tercera parte de tus derechos de autor durante toda la vida. De una reunión que tuvimos Charly, Nito, Raúl y yo para estudiar la posibilidad de armar nuestra propia editorial fue surgiendo de a poco la idea de hacer algo juntos. Y así es como surgió Porsuigieco y su Banda de Avestruces Domadas, en obvia alusión a la Banda de Caballos Cansados, un nombre que, por supuesto, es una creación absoluta (otra) de Charly García. Pero como era una especie de juego, algo totalmente amateur y no un proyecto artístico profesional, organizamos un concierto en el Auditorio Kraft. Mandamos a imprimir unos afiches muy chiquitos y salimos a pegarlos nosotros mismos por la avenida Corrientes. Salimos Nito, Raúl, Charly (que era una especie de espectador que meneaba la cabeza, en un típico gesto suyo) y yo con unos baldes de engrudo, como hacíamos con Miguel y Eugenio en la época de¡ teatro Luz y Fuerza. El resultado fue espectacular. Había gente como para llenar cinco veces el teatro y musicalmente fue impresionante. En realidad, no teníamos nada demasiado armado. Suponíamos que cada uno iba a tocar algunos temas propios y que los demás los iban a acompañar. Y fue más o menos así, sólo que sonaba como si estuviera armado durante años. Fue la primera superbanda acústica al estilo Crosby, Stills, Nash and Young que se formó en la Argentina. En realidad, fue la única.

"El disco lo produjo Jorge Alvarez para Music Hall, en los estudios de la compañía. Pero el segundo día de grabación uno de los gorilas encargados de la vigilancia se puso a revisar los ceniceros para ver si encontraba algún porro o algo. Le dijimos a Alvarez que no íbamos a seguir grabando ahí en esas condiciones policiales y nos mandó a Phonalex, en el Bajo Belgrano, en la calle Dragones. De ahí surge, precisamente, "Chacareros de Dragones', el tema que hice en "De Ushuaia a La Quiaca" con la Banda de Monteros. Habíamos vuelto de la gira con quince o veinte temas listos para ser grabados y además la habíamos pasado muy bien, nos habíamos divertido, nos la pasábamos riendo y jodiendo. Fue bárbaro. Charly tenía toda la creatividad al mango, Nito ponía unas voces increíbles, pero la grabación del disco ya era otra cosa. Raúl, por ejemplo, grabó sus dos temas con su banda, se juntaron muchos músicos (Rinaldo Rafanelli, Leo Sujatovich, José Luis Fernández, Moro, Pino Marrone) y la cosa empezó a complicarse y a diluirse. Después hubo algunos intentos para hacer grandes conciertos en el Luna Park pero Charly nunca quiso hacerlo: primero porque estaba despidiéndose de Sui Generis, y después porque se puso a armar La Máquina de Hacer Pájaros. A Charly le debemos, eso sí, la tapa del disco. Es una foto que Fernando -un fotógrafo que vivía en Rosario- nos tomó desde afuera de una casa en el campo al que fuimos a producir el arte de tapa. Cuando Charly la vió empezó a tapar el marco de la ventana y las paredes exteriores y quedó solamente la imagen de nosotros adentro de la habitación, a través de la ventana. Una genialidad. Cuando terminamos de hacer el disco se terminó Porsuigieco para siempre. Y nadie volvió a hablar del tema.

Un par de años después, en una entrevista de Claudio Kleiman en la revista "Expreso Imaginario", reconoce que después de haber sido secundado por Charly y por Nito es bastante difícil que algún grupo lo conformara. Muchos años más tarde, en ocasión de la salida de su álbum "Mensajes del alma", León reconocerá que en esa época pretendía que Charly fuera su tecladista y se considerará como "el primer Salieri de Charly" (en obvia alusión al tema de difusión del álbum).

"Melgarejo me dijo por qué no tocaba solo y yo le contesté que estaba loco, que cómo iba a tocar solo, que en los shows me iban a tirar de todo, Entonces me dice que me había vendido dos shows para el sábado y que tenía que tocar o tocar. Me enojé bastante y fui un poco a la fuerza, porque pensaba que iba a salir mal. Me conseguí un micrófono Barcus Berry para la viola, llamé a Teddy Goldman para el sonido, y llevé diez columnas de voces, dos micrófonos y un juego de luces. Y resulta que hice dos shows impresionantes, el público hacía un silencio total. Me di cuenta de que cuando tocaba con el grupo y terminaba un tema, siempre hay que afinar un instrumento o probar la batería, y la gente se dispersa. En cambio tocando solo, terminaba una canción y la gente estaba en silencio, y yo no tenía más remedio que hablar con el público, o hacer un chiste, se entabló una relación totalmente distinta, y me escuchaban como nunca antes. Entonces me empezó a gustar tocar solo". La experiencia, acaso fortuita, habrá de prolongarse hasta el año 1985. Toda una década.

"Desde un comienzo, Nito Mestre tuvo una presencia constante e incondicional en mi vida. Si Charly siempre fue el más admirado, Nito -uno de mis amigos más antiguos- siempre fue el más querido. Me demostró su amistad e hizo que empiece a quererlo cuando todavía vivía con Charly en la calle Cucha Cucha. Nunca hubo celos entre nosotros. Todas las letras que escribí para sus músicas son para él y están basadas en historias que tienen que ver con su vida. Cuando me habla por teléfono es como si mantuviera una conversación conmigo mismo, y no puedo fingir, no sólo porque no quiero sino porque no hace falta. Puedo mostrarle cómo estoy y él siempre se la banca y cuento con su apoyo cuando sea y para lo que sea porque siempre está dispuesto a ayudar. A veces, es cierto, es un poco arrogante, una arrogancia que le dura de la época de Sui Generis y que es una de las cosas que aprendió de Charly. Además, las mujeres más hermosas que conocí en mi vida estuvieron con él. Todas ellas deben saber que Nito es un tipo que venera la verdad y que le teme a las tormentas. Y también a la calma. Sin dudas, la que más conoce de estas cosas es Pamela, con quien Nito se casó en el '91. En Ann Arbor, la ciudad de Michigan donde vivimos algún tiempo en 1979, había muchísimas ardillas y con Alicia siempre decíamos que eran muy lindas pero no sabíamos bien por qué. Con Nito pasa lo mismo; uno lo quiere porque sí, sin explicaciones. Es querible como una ardilla.

1976: El Fantasma de Canterville

El Fantasma de Canterville"Cuando se produjo el golpe del 24 de marzo yo me puse contento, como casi todos los argentinos, porque la última época del gobierno de Isabel fue un desastre. La Triple A asesinaba gente, muchos se estaban yendo por las amenazas o porque no se bancaban la situación de violencia y de desprotección que había. Yo vivía con Alicia en el departamento de Corrientes y Thames y me acuerdo que nos despertamos sobresaltados por un ruido terrible. Cuando nos asomamos para ver qué pasaba nos dimos cuenta que el ruido era de los tanques que avanzaban por el empedrado de Corrientes hacia Plaza de Mayo. La gente estaba contenta porque se terminaba el gobierno nefasto, se terminaban los secuestros y las amenazas y todavía confiaba que los militares iban a poner orden. Uno pensaba "¡qué cagada, otra vez los milicos!", pero también -a lo mejor secretamente- uno respiraba aliviado sin sospechar que lo que vendría iba a ser mucho peor que lo que había pasado. Al poco tiempo ya nos fuimos avivando de cómo iba a venir la mano. La sensación que tenía era la de estar viviendo en una cárcel, en un país de nadie donde los únicos dueños eran ellos. Pero hasta que la tragedia no tocaba tu puerta no sabías exactamente la dimensión de lo que estaba pasando. Empecé a sufrir la censura de mis temas en la radio y en la televisión y a tener problemas cuando viajaba al interior para hacer mis shows. En Bahía Blanca, por ejemplo, pararon la combi en la que íbamos y me hicieron problemas porque en la foto de la cédula estaba sin barba y me amenazaron con afeitarme- (el tipo lo único que decía era "Philipshave, Philipshave", mientras hacía el ademán de pasarse una afeitadora eléctrica por la cara), hasta que les mostramos unos posters míos que llevábamos en un bolso, y pudimos seguir viaje. Y en Comodoro Rivadavia, ni bien terminé de cantar en el Centro Catamarqueño, entraron como 25 policías al lugar que estaba lleno y me dejaron detenido hasta el día siguiente con el argumento de que yo estaba cantando canciones prohibidas, cosa que era relativamente cierto, porque estaban prohibidas, pero solamente para la radio y la televisión, no para cantarlas en vivo. En realidad, lo que pasó fue que un milico medio pendejo se calentó porque a la novia le gustaba mi música y me hizo detener porque estaba celoso. Me encerraron en un calabozo solo y los otros presos me empezaron a mandar artesanías que hacían en la cárcel (una jarrita, una lapicera forrada con hilos con mi nombre) y me decían que era un honor que yo estuviera ahí, preso como ellos. Al día siguiente apareció un coronel que me tiraba muy buena onda y me preguntó porqué me habían detenido y me nombró "La Francisca". Después me pidió que le diga la letra y cuando terminé la llamó al pendejo y lo cagó a pedos por haberme hecho encerrar por la letra de esa canción. " A mediados de ese año, León y Alicia se mudan a una casa en Ciudad Jardín (El Palomar, provincia de Buenos Aires) después de vender su departamento y de cobrar un adelanto de la compañía Music Hall. Con los militares en el gobierno, el silencio en las calles y el terror en las sombras, esperan la llegada del primer hijo. Después de tres años de convivencia, León y Alicia han decidido ser más que dos. Liza Gieco nace el 5 de agosto de 1976 en la clínica Otamendi, en la Capital Federal."

"El embarazo de Alicia lo viví con gran intensidad y me sentí comprometido desde un comienzo. Hicimos juntos los cursos de parto con el doctor Murray, veíamos fotografías y películas, participé de todo el proceso porque creo que es una obligación y un derecho que el padre asuma la responsabilidad del nacimiento. Cuando llegó el momento del parto, estuve ahí, siguiéndolo de cerca y ayudando a Alicia, que era quien tenía que hacer lo más duro del trabajo. La habitación estaba en penumbras, pusimos un grabador para registrar el audio del parto y una cinta con música de Yes, Genesis, James Taylor, King Crimson, Crosby, Stills, Nash and Young y Bob Dylan. Tuve el enorme placer de ver cómo se iba asomando nuestra hija, cómo iba apareciendo su cabecita y después ayudé a girarla para que pudiera salir un hombrito y después el otro. Ni bien terminó de salir, la apoyamos sobre el pecho de Alicia y corté el cordón. Después la llevé y la bañé. En el momento justo de nacer, estaba sonando "Si la ves dile hola", de Dylan, un detalle que nunca vamos a olvidar. A los dos meses, más o menos, Liza estaba durmiendo y pusimos ese mismo tema, y ella se despertó. Fue increíble. Lo único que lamentamos es que a partir de esa experiencia, el doctor Murray comenzó a tener problemas con las autoridades de la clínica, que le prohibieron seguir con ese tipo de partos (música, presencia del padre, el bebé en la habitación y no en la nursery), que también fue muy resistido por las enfermeras del lugar. Para colmo, el primer visitante que tuvimos fue Jim" (el de "La mamá de Jimmy ", un amigo que ahora vive en Alemania), que apareció con una guitarra eléctrica y una capa negra que le llegaba casi hasta el suelo. El parto de Liza fue lo más fuerte que me pasó en mi vida, es muy impactante el momento del nacimiento y más cuando esa vida que nace es una prolongación de la vida de uno. Yo estaba muy preparado, había hecho todo el proceso, pero ese momento, ese instante del nacimiento, que es muy rápido, muy fugaz, me llenó de una emoción muy particular que no se puede comparar con ninguna otra. Estuvimos los tres muy juntos un tiempito en Ciudad Jardín, que es un lugar realmente hermoso, pero Alicia es muy urbana y estaba desesperada por estar más cerca de la ciudad. Además, era bastante incómodo tener que tomar el tren cada vez que teníamos que ir al centro. A los pocos meses ya estábamos viviendo en un departamento de Mendoza y Zapiola, en el barrio de Belgrano. De Ciudad Jardín todo lo que recuerdo está relacionado con el embarazo y con el nacimiento de Liza, y con un momento muy especial para nosotros y para el país. "

Hacia fines del '76, León se presenta en el Luna Park en un recital que comparte con Crucis, el dúo Pastoral y Soluna, la banda acústica liderada por Gustavo Santaolalla. El final del concierto encuentra a León invitando al escenario a todos aquellos que quisieran tocar. El resultado es una multitud de músicos interpretando y cantando y el público coreando "La rata Laly", uno de los temas más festivos de una época particularmente escasa en fiestas.

"...los que hacemos música nunca estuvimos fuera de la realidad. Nuestros temas están agarrados a ella. Por eso, aunque un grupo argentino haga un rock and roll no va a ser jamás igual a uno norteamericano, simplemente porque la realidad que les da origen es distinta". Y agrega, para quien quiera entenderlo que "ahora, la juventud argentina encontró en nosotros a sus representantes. Por eso los encuentros son masivos. Porque la necesidad de amarse también lo es".

La presencia de la censura trasciende los medios de comunicación. Las grabadoras deben enviar las letras de las canciones que van a editar al Comité Federal de Radiodifusión (COMFER) para recibir la bendición oficial. En el caso del LP "El fantasma de Canterville", de las doce letras originales diez son prohibidas o censuradas parcialmente. El caso más evidente es la estrofa del tema que da nombre al LP que decía "he muerto muchas veces acribillado en la ciudad" y que debe ser reemplazada por "he muerto muchas veces arrodillado en la ciudad". Pero al público no le importa. En las actuaciones en vivo, la gente corea el tema en su versión original, tal como Chariy García la ha compuesto para ser interpretada por León. Es lo que sucede cuando se presenta, por ejemplo, en el estadio Atenas de La Plata junto a los grupos Bubu, Plus y Alas, o en el Luna Park, el 15 de julio de 1977, en un recital compartido con Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre ante más de 10.000 personas que observan parte del show a través de un circuito cerrado de televisión color, por entonces toda una novedad en el país'

Los conciertos de rock, los partidos de fútbol y las peregrinaciones a Luján convenzan a ser una buena excusa para el encuentro y para el desahogo. En las canchas, la única libertad confiscada es el ingreso con bombos. En las peregrinaciones, en cambio, el aire permanece más limpio. Pero en los conciertos de rock, como en casi todos los ámbitos de expresión artística, la represión es parte casi obligada del espectáculo. Mientras los músicos ven recortadas sus posibilidades expresivas (algunos inician el camino del exilio), el público sufre las consecuencias de la furia irracional del autoritarismo. En Córdoba, por ejemplo, durante una gira de Crucis, La máquina de hacer pájaros, Nito Mestre y los Desconocidos de siempre y León Gieco, la represión es feroz y hasta se escuchan disparos durante el desbande del público.

"Cuando empecé a ver que la cárcel nos ahogaba cada día más comencé a sentirme mal por estar viviendo acá. Tenía mucha paranoia. Sentía que me podían matar en cualquier momento y en cualquier lugar. En Music Hall, por ejemplo, se notaba un contagio generalizado de la represión. Era represor hasta el portero, nos revisaban los bolsos cuando nos íbamos, era terrible y, lo que es peor, era algo colectivo. Vivíamos una sociedad policíaca, botona, con policías de civil infiltrados en los recitales. En las grabadoras había mucho miedo, mucha cola de paja. En Music Hall dos o tres empleados habían tenido problemas, les habían allanado la casa. A un par de ellos les afanaron el sueldo y no tenían ante quien quejarse. Se empezaban a escuchar cosas horribles. A Miguel Pérez (del dúo Miguel y Eugenio) lo estaban siguiendo, lo habían ido a buscar a la casa, dos chicos amigos que vivían en Las Heras (provincia de Buenos Aires) habían desaparecido, y a mí me amenazaron un par de veces por teléfono, supongo que por algunas declaraciones que hice o por las cosas que dije en un recital en el Colegio Ward de Ramos Mejía. En esa época es cuando empezamos a pensar en irnos. Para zafar de toda esa basura. "

"Decía en un reportaje: "Reconozco -expresa- que antes mis letras eran más testimoniales, yo estaba fuera de los problemas observándolos. Ahora estoy dentro de ellos viviéndolos. Eso depende de mi historia personal, porque me crié en el campo y cuando llegué a Buenos Aires veía las cosas sin palparlas desde el núcleo. Hoy me considero un porteño, a Buenos Aires la odio por mil cosas, pero también la amo por otras mil y ésas son las que trato de contar en mis canciones".

 

Ha dejado de componer...

"Lo que pasa -explica a la revista "Expreso Imaginario"- es que tengo problemas en componer material para aquí, porque te confieso que después de la censura del LP no compuse más un tema. Voy y reviso letras y me digo esto no va a pasar, entonces es como que tuve que castrarme y perdí un poco las ganas de componer. Ese también es el interés del viaje, cargarme de vivencias nuevas y vivir más tranquilo. Porque llega un punto en que no sé de qué hablar( ... ) Por mi forma de componer yo siempre hablo de algo específico, de algo real, y lo tengo que envolver con palabras reales, no soy demasiado intelectual. Ahora aquí hay un clima de bajón. Y eso puede ser medio peligroso. Porque últimamente surgen muchos instrumentistas, pero no surgen compositores, tipos que hagan canciones. Entonces las composiciones en general son cosas sofisticadas, que escapan a la canción( ... ) La canción siempre se necesita, porque refleja las necesidades de la gente y la comunica, representa un poco la comunión de la gente( ... ) La gente necesita comunicarse y con una canción puede hacerlo, porque pueden llegar a cantar todos juntos( ... ) Quizás el mundo esté siempre en la búsqueda de una canción".

A principios de 1978 llega el momento de la partida. Es el primer viaje en serio del artista León Gieco. El primero de una larga serie. Tiene 26 años. Nada más.

"Fue un viaje con escalas breves. Hicimos Perú, Colombia, Venezuela, Costa Rica y México. En todos los lugares en que estuvimos cgnseguimos cosas: actuaciones en televisión, hoteles y comidas gratis, pequeños triunfos cotidianos. Estando en México nos comunicamos con Gabriela y Edelmiro Molinari (ex guitarrista de Almendra) que vivían en Los Angeles y que nos invitaron a ir para allá. Al principio vivimos unas semanas en la casa de ellos y después tanto Michel como yo pudimos alquilarnos un departamento cada uno. Al mes y medio, más o menos, Alicia y Liza ya estaban conmigo. Estaba alucinado de estar en Los Angeles, era un lugar tan libre. En ese momento, llegar a Estados Unidos era respirar la libertad. Después de conocer ese país pude confirmar algunas ideas que tenía, especialmente en la cuestión política internacional. Pero también pude corroborar lo que dice Gabriel García Márquez, que el pueblo norteamericano es uno de los más creativos del mundo. Y yo allí me sentía libre, sentía que estaba todo bien y lo que estaba mal no me importaba porque no era mi país. En la esquina de nuestro departamento (en New Formosa Avenue, a media cuadra de Sunset Boulevard y a tres de Hollywood Boulevard) había un local que hacía unas galletitas increíbles que tenían pedacitos de chocolate, el Famous Amous. El dueño era un negro que había heredado la receta de la madre y que logró convertiría en un éxito comercial. Esas galletitas eran tan impresionantes que todo el mundo iba a comprarlas. Así fue que vimos a Stanley Ciarke, a Fred Astaire, a los Jackson Five, a Doris Day y a muchos otros ':famosos" comprando galletitas de chocolate en la esquina de nuestra casa Además, desde el primer momento me pasaron cosas impresionantes en Los Angeles. A las dos semanas de estar allí, por ejemplo, fuimos con Gabriela a ver a Bob Dylan en el anfiteatro de Universal Studios, para seis o siete mil personas, donde presentaba el álbum "Live at Budokan " que había grabado en Japón. Para colmo, mientras estábamos ahí esperando que empiece el concierto, viene un tipo con una cámara y me pregunta qué opino de Dylan. Como yo no entendía inglés, Gabriela fue mi intérprete. Yo le expliqué que para mí era como un maestro, que yo era músico, que tocaba la guitarra y la armónica y que hacía un tipo de música bastante parecida a la que hacía Dylan. Al día siguiente aparecí en la televisión, después de vivir uno de los recitales más emotivos que vi en mi vida. Esto me pasó unas pocas semanas después de salir de la mierda de represión en la que estábamos sumergidos. Era alucinante.

En su paso por Colombia, León ha dicho a la revista local "Antena" que lo que él hace "no es denuncia, no es protesta, es simplemente canción". Una definición casi permanente en su larga carrera. En Los Angeles, la pequeña Liza va a una guardería latina propiedad de una uruguaya, junto con Cecilia, la hija de Gabriela y Edelmiro. Durante algún tiempo, Alicia y Gabriela se emplean como personal doméstico, una experiencia que recuerdan con cariño y risas. León y Gabriela salen a vender álbumes de fotos a los mexicanos, pero terminan casi siempre dándoles un dólar para que les compre leche a sus hijos. En otra ocasión, León va a ofrecerse como jardinero a una agencia. El empleador lo recibe con cierta preferencia (supone que por su aspecto ligeramente sajón, rubio y de ojos celestes) pero le niega el trabajo: es que León ha llevado sus discos y su disco de oro como garantía. Cuando sale de allí se da cuenta del error "¿Por qué – pensarían - un músico exitoso busca trabajo de cualquier cosa y no insiste con la música? ¿Habrá matado a alguien? ¿Será un violador? ¿Un ex convicto?" Van frecuentemente a ver conciertos y asisten a un homenaje a Croshy, Stills and Nash en la disquería Peach mientras un avión dibuja en el cielo los nombres de los músicos y una estrella (la típica estrella de los artistas en Hollywood Boulevard) que permanece un par de horas en el aire. León se da cuenta que hay otra manera de tratar a los artistas. Claro que la hay. En Santa Bárbara ve a los Grateful Dead y a su público estimulado con ácido lisérgico. Y sigue probando suerte con la música.

"Con Gabriela amamos un dúo y nos presentamos en varias auditions, una de ellas en el célebre Troubador, donde tocaron entre otros Eric Clapton y Neil Young. Cantábamos canciones en inglés y en castellano. Para llamar la atención, hasta cantamos "Llegando está el carnaval" solos con el charango. Pero nunca pasó nada, salvo un día que fuimos a un lugar que quedaba lejos de la ciudad, un lugar tipo saloon de cowboys donde la única mujer era Gabriela. Para colmo, como hacía calor, se sacó una campera que llevaba puesta encima de un vestido largo negro que le quedaba muy bien, y los tipos empezaron a mirarla con otros ojos. "Cortala - le dije - porque estos monos te van a coger". Y nos fuimos, sin cobrar los 25 dólares que nos habían prometido. No sé porqué pero el tipo nos presentaba como "Gabrielle y León, recién llegados de Francia". A lo mejor era porque en esa época había muchos exiliados latinoamericanos haciendo música del altiplano en Francia. El asunto es que nos estábamos quedando sin guita, ya nos habíamos gastado casi todo lo que teníamos y no pintaba nada como para poder hacer algo de plata. Conocíamos a Gabriela y a Edelmiro y a otros argentinos, pero ninguno era gente de guita, Recuerdo especialmente el momento en que me di cuenta de que solamente teníamos cincuenta dólares (los últimos cincuenta dólares). Y me desesperé. Para colmo, todos estábamos en una situación similar. En casa de Gabriela, por ejemplo, Edelmiro no trabajaba y se la pasaba todo el día tirado en un sillón tocando el bajo y fumando. Uno de esos días, Edelmiro se tomó el último yogur que había en la heladera y que estaba reservado para Cecilia, la hija. Cuando llegó Gabriela no lo podía creer, era incomprensible. Fue entonces que Edelmiro se levantó, decidido. "Por fin", pensamos, creyendo que había reaccionado. Y dijo: "me voy a cazar un ciervo". Agarró el arco y la flecha (era aficionado a la arquería) y una caña de pescar. Unas horas después, apareció con un par de pescados. En esa misma época, un día que estábamos peleándonos a bofetada limpia con Alicia, porque la situación se había tornado desesperante, de pronto suena el timbre. Eran Ara Tokatlián, Dana y Guillermo Borderampé (de Arco Iris), que nos saludaron con su clásico "que tengan paz". La verdad es que no la teníamos. De última sabíamos que podíamos volver porque teníamos los pasajes de vuelta, y la cosa no estaba tan peligrosa, aparentemente, para nosotros. No nos habían amenazado con ponernos una bomba ni nada por el estilo, como les pasó a tantos otros. Cuando casi estábamos resignados a tener que volver, Alicia habló con Marcia, una amiga yanqui que había vivido en Buenos Aires, que le dijo que no quería que nos fuéramos de los Estados Unidos sin conocer otros lugares que los que habíamos visitado. Nos mandó los pasajes y nos fuimos a Michigan, donde ella estaba viviendo. Paralelamente a todo esto, a mí me llamaron de Music Hall porque existía la posibilidad de participar en un concierto en el Luna Park a beneficio de la Fundación de Genética Humana, un recital que finalmente se concretó. Estuve un mes en Buenos Aires, viviendo en la casa de Alejandro De Michele (del dúo Pastoral), un tipo maravilloso que tenía la particularidad de acostarse cada noche con una minita diferente. La pasé muy bien en ese tiempo que vivimos juntos y todavía no puedo creer que se haya muerto tan joven (en un accidente automovilístico en la avenida Figueroa Alcorta)".

"Muchos de los momentos que recuerdo de esa época están relacionados con Gabriela, mi amiga más antigua y más querida. Desde que nos conocimos, en el "Acusticazo", me di cuenta de que eran muchas las cosas que teníamos en común. A los dos nos gusta el campo, nos gustan las mismas músicas y estamos abiertos para incorporar nuevos sonidos, de cualquier parte del mundo. Con Gabriela, Pino Marrone -su pareja desde principios de los '80- y Alicia es con las únicas personas con las que puedo sentarme a escuchar música, una actividad que fuimos perdiendo con los años y con el trabajo. Ellos dos son músicos muy finos, están absolutamente al día sobre lo que se escucha en todo el mundo y no tienen ningún tipo de prejuicio en relación con la música, una virtud que nosotros también podemos exhibir con orgullo. Gabriela, con Gustavo Santaolalla, son dos presencias fundamentales a lo largo de toda mi carrera. Más aún, es una presencia constante en mi vida y con ella puedo hablar absolutamente de cualquier tema cuando estarnos solos. Con ella casi no tengo secretos y a menudo necesito hablarle, comentarle cosas, saber cómo anda. Y cuando estoy deprimido, es una de las pocas personas que consiguen hacerme reír. Para nosotros, estar deprimidos es estar con los pelos engrasados. Es un código que nos evita un montón de rodeos y de explicaciones. Cuando está deprimida me gusta decirle cosas como "te habla tu champucero" o "tengo el champú que andás necesitando". Eso nos hace distender y casi siempre terminamos muriéndonos de risa. Además, casi silenciosamente, Gabriela armó una carrera musical que más de uno querría tener, grabó, por ejemplo, con Alex Acuña y con David Lindley. La admiro realmente y compartimos una misma ideología musical y una misma filosofía de vida Por eso puedo juntarme con ella y con Pino sin un objetivo prefijado. Podemos reunirnos para comer, para conversar, para reirnos de cualquier cosa, para pasarnos tres horas escuchando música sin hacer otra cosa. También es una de las pocas relaciones en la que no tenemos la necesidad de demostrarnos nada. Nos juntarnos a compartir la vida con todos sus matices. Otra cosa que nos une con Gabriela es que los dos nos peleamos por pagar, una situación que se repite siempre y que nos hace mucha gracia. Y aunque tenemos relaciones muy diferentes, es muy importante tanto para Alicia como para mí que Gabriela haya vuelto a vivir a Buenos Aires. Es una referencia que nos hace mucha falta tener muy cerca. Además, Cecilia -la hija de Gabriela- y Liza son muy amigas desde chiquitas, cuando iban juntas al jardín, y conservaron esa amistad a través del tiempo y la distancia Eso también fortalece toda la relación entre las dos familias. A Gabriela la respeto y la admiro porque es una gran trabajadora, siempre hizo todo a pulmón y los resultados son muy buenos. Es una de esas personas que, de veras, se merecen lo mejor. Es una amiga incondicional, como yo lo soy de ella, y es una de las personas que más quiero. Con todo mi corazón".

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SEGUNDA ENTREGA

1977

"En Ann Arbor pagué todas las deudas y le dije a Alicia "vámonos a otro lado a gastar la plata que tenemos". Compramos un mapa de Europa y decidimos volar a Barcelona. El contraste entre Estados Unidos y España fue increíble. Me acuerdo que el avión en Michigan lo limpiaban con unas máquinas, unas aspiradoras. En Barcelona, en cambio, había un par de señoras, gorditas con unos estropajos; era una manera de empezar a volver a casa. Ahí estuvimos una semana en un hotel hasta que conseguimos la dirección de Osvaldo, un amigo argentino que había sido desaparecido y torturado durante casi un mes, pero que tuvo la suerte de que lo largaran. Fuimos en tren hasta Roma.
De esa temporada en Italia tengo unos recuerdos hermosos, a pesar de los 25 kilos que engordé.

Con Osvaldo, su mujer Alcia y su hija Natalia, que tiene la misma edad que Liza, hicimos un viaje en su Citroen y conocimos Orvietto, Peruggia, San Francisco de Asís, Siena, y llegamos hasta Florencia. Ese viaje fue una experiencia increíble para todos, aunque Liza solamente recuerda un maniquí que había en un primer piso de una tienda contigua a la casa de Bracciano. Fue en ese viaje cuando compuse la "Canción del inmigrante": en un momento éramos seis (Osvaldo, Alcira, Natalia, Alicia, Liza y yo) viviendo en un mismo cuarto de un albergue para la juventud.

El episodio más desagradable del viaje lo viví en la oficina de Aerolíneas Argentinas en Roma, cuando fui a ver si podía hacer unos cambios en los pasajes que teníamos. Ni bien entré empecé a respirar la represión, el ambiente estaba totalmente militarizado, los empleados estaban todos vestidos de negro y me hablaban sin mirarme.

Es diciembre de 1978 y el conflicto limítrofe con Chile por el Canal de Beagle pasa por su momento de máxima tensión. La respuesta de León no se hace esperar. En Cañada Rosquín y en pocas horas compone dos de los temas que habrán de cambiar su destino musical en la relación con los públicos masivos: "Sólo le pido a Dios" y "Cachito, campeón de Corrientes". De inmediato se pone a trabajar en lo que habrá de convertirse en su "IV LP" y retorna la comunicación con su público.

Se reconecta con la realidad argentina, comienza a corroborar los horrores relatados por un ex militante del Partido Socialista de los Trabajadores a quien conoce en Italia, y trata de reflejarlo, aunque más no sea elípticamente, en sus nuevas letras.

El flamante LP no debe cotejarse en las altas esferas militares. La censura, que existe, no roza su nuevo trabajo y el público comienza a agitar "Sólo le pido a Dios" como un estandarte, como un manifiesto, como un himno. Y aunque elige no cantarla en sus presentaciones, el público comienzo a corearla antes de cada cierre. Y León la canta. La canta siempre como final de sus recitales. Y habrá de cantarla, de allí en más, cada vez que se suba a un escenario.

Un día me tocan el portero eléctrico y me dicen que tienen un mensaje para mí. Era un servicio, un cazador de guantes blancos, que me dice que un tal general Montes quiere hablar conmigo. Después me enteré que todo esto surgió después de un recital que hice a beneficio de los profesores de la Universidad de Luján, que los militares habían cerrado, donde canté "La cultura es la sonrisa" (el tema lo grabé dos años después para el LP "Pensar en nada"), que todavía tenía una estrofa, que después saqué, que decía "sólo llora en un país donde no la pueden elegir/ Sólo llora su tristeza si un ministro cierra una escuela / Llora por los que pagan con el destierro o mueren por ella... ". Parece que alguien estuvo en el recital y mandó un telex al Regimiento número 1 de Palermo diciendo que yo había cantado algo así como "el país no es feliz si Cachito cierra las escuelas ", o algo por el estilo. Es decir que mezclaron las letras de "Cachito, campeón de Corrientes" y "La cultura es la sonrisa". Como de costumbre, como hacen siempre, estaba todo mal. Cuando entré a la oficina del general Montes, iba a sentarme pero el tipo se quedó parado, sacó una pistola y me dijo que nunca más vuelva a cantar esa canción porque si lo hacía me iba a pegar un balazo en la cabeza. Eso fue todo. Mientras iba para la puerta, el tipo me dice "Gieco, usted a mí no me conoce y no me vio nunca...". Cuando salí de ahí, el que me había venido a buscar a mi casa me empezó a dar consejos. Me dijo que no era conveniente que cantara "Sólo le pido a Dios" ni "La cultura es la sonrisa" y que cantar una canción de paz en tiempos de guerra era un acto de subversión. Estaba muy asustado pero las seguí cantando, más que nada porque el público ya las pedía, especialmente "Sólo le pido a Dios". La estrofa que me cuestionaban de "La cultura es la sonrisa", en cambio, la saqué para siempre. A partir de allí no tuve más problemas. Y el general Montes, algunos años después, fue indultado junto con tantos otros militares. Otra cosa que pasaba en esa época era que en todos mis recitales había un par de monos jóvenes, con un poco mejor onda que este Montes, que me decían "acordate que no podés tocar "Hombres de hierro" ni "Sólo le pido a Dios", estamos acá para recordártelo ". Era una presión muy grande.

"Así como yo después de un viaje me di cuenta de que en este lugar hay lindas cosas para hacer y para vivir, cosas que te satisfacen interiormente, como la ronda de amigos, la gente con la que vos te frecuentas, que es una forma de vida que en otros países no existe, también puedo entender el hecho de toda la gente que se tuvo que ir de acá, algunos con mucha bronca, porque tuvieron que atravesar por situaciones bastante terribles en algunos casos ( ... ) En este país los recitales son en Buenos Aires, Rosario, Mar del Plata, de vez en cuando en Tucumán o Mendoza, y pará de contar. Y esa no es la única gente a la que yo me propongo llegar. Hay un montón de gente que vive en un pueblo de cinco o seis mil habitantes y transcurren toda su vida ahí, nacen, crecen y mueren en el pueblo ( ... ) Ir a tocar a un pueblo perdido es algo que me encanta, me siento atraído por el interior. Me gusta el olor, las chicas, todo; conozco la manera de relacionarse entre las personas, las cargadas que se hacen, hasta los zaguanes donde se franelea.

La grabación de "Sólo le pido a Dios " fue algo impresionante. En realidad, no la pensaba grabar, no la tenía muy en cuenta porque era una canción que tenía todas las estrofas iguales. Hasta que un día llega al estudio Dino Saluzzi. Me dijo que la hija le había dicho que yo había llamado para hacer una grabación con él. Hubo una confusión porque yo no lo había llamado, pero como es un gran músico y un gran tipo, le dije que tenía una canción que no sabía todavía si la iba o no a incluir en el disco y le propuse tocarla. Empezamos a hacerla y después la trabajamos por partes hasta completar unas cinco tomas distintas. Pero el técnico Amílcar Gilabert había grabado la primera pasada para tenerla como referencia. Como no sabíamos cuál de los bandoneones incluir, volvimos a escuchar la primera versión, la de referencia. Justo en ese momento, como a las dos de la mañana, Charly -que estaba deambulando por Buenos Aires- entra al estudio y se queda impresionado con el tema y dice que hay que dejarlo así, que es perfecto. En seguida, pasó de ser un tema más, medio monótono, a una especie de himno nacional.

La versión que se conoce de "Sólo le pido a Dios" no es, en realidad, la original. En la primera hay una séptima estrofa que León ha quitado, estrofa que, a su vez, tiene dos versiones, Una de ellas dice "Sólo le pido a Dios / que el canto no me sea indiferente / de ser yo quien está nombrado para cantar / las cosas que el que cantar no puede o no quiere". La otra: "Sólo le pido a Dios / que mi canto no me sea indiferente / agradezco ser yo quien está cantando / por el que no puede".

"Uno compone las canciones y no sabe qué va a pasar ( ... ) Los compositores que te dicen 'compuse un himno'... himno las pelotas!!! Una canción se convierte en himno si la gente la elige".

Para ilustrar la tapa de su "IV LP", y por consejo del productor del disco - Oscar López, de Sazam Records- León abandona su estética campesina y se fotografía junto al Obelisco. Para evitar problemas judiciales con la gente que aparece en la foto, recorta dibujos de animales de un libro de Liza y los pega sobre los rostros de las personas. Finalmente, consigue sintetizar en una sola imagen su rara mezcla urbana y rural, que desde entonces lo acompaña.

Melgarejo era un tipo muy digno, muy fino, muy querible. Si alguien estaba enfermo se aparecía con un regalito, siempre bien vestido. Tenía unos sesenta años cuando se murió. Yo llegaba de Cañada en mi Peugeot 404 y vi que alguien estaba tocando el timbre de mi casa. Era el periodista Eduardo Barone, que me venta a avisar que Melgarejo estaba internado y que estaba muy grave. Me dijo que no pasaba de esa noche, que lo habían operado y que como tenía un solo pulmón no había nada que hacer. Fuimos con Alicia, que también lo quería mucho, y cuando llegamos y preguntamos por él nos dijeron que había muerto esa mañana. Y nos pusimos a llorar. Yo lo amaba, era un tipo impresionante. Fue quien me sacó a tocar solo con la guitarra, quien me acompañó en todas, quien me iba a recibir al aeropuerto cada vez que volvía de un viaje. Cuando lo vi en el velorio le tomé las manos porque pensaba que iba a levantarse de ahí, no podía concebir que se muriera. Además, unos pocos días antes me avisó que se venía una onda de mucho trabajo, que mi popularidad estaba creciendo y que se iba a comprar un departamento con la guita que iba a ganar trabajando conmigo. A Melgarejo lo quería todo el mundo, aunque era la oveja negra de su familia porque era homosexual y estaba siempre rodeado de músicos de rock.

Su muerte fue el primer gran golpe que tuve en mi vida. Pero como "el show debe continuar", a los dos días me empezaron a llamar y a mandar notas todos los representantes del país. Ahí me di cuenta que lo de la popularidad era en serio, y no me lo banqué. Agarré el grabador y la guitarra y me fui a Piriápolis, en Uruguay, que para mí es el mejor lugar del mundo desde que fui por primera vez en 1972. Cuando trabajaba con Melgarejo, él siempre transaba actuaciones en distintas ciudades uruguayas como Montevideo, San Carlos, Piriápolis, por estadías en el Hotel Argentino, que para mí era lo máximo, porque realmente es un lugar maravilloso. Estando ahí, alrededor de 1974, un periodista uruguayo fue a hacerme una nota y le dije que para mí Piriápolis era el mejor lugar del mundo. El tipo me miró extrañado y me preguntó si conocía tan bien el mundo como para hacer esa afirmación. Le dije que no, que lo único que conocía era un poco de mi país y otro poco de Uruguay, y nada más, Cuando volví a encontrarme con él ya era el año 1989, habían pasado quince años y nos habían sucedido un montón de cosas a los dos. Nos reconocimos inmediatamente y nos acordamos de lo que yo había dicho sobre Piriápolis. "¿Todavía pensás que éste es el mejor lugar del mundo?", me preguntó. Y yo le contesté que sí, que por supuesto que lo era, porque era el lugar donde yo mejor me sentía de todos los muchos lugares que había conocido. Es más, siempre me gusta pensar que es un lugar que me pone a salvo, y que si John Lennon lo hubiera elegido para vivir, hoy estaría vivito y creando, como siempre. El iluminador Juan José Quaranta me había dicho que tendría que trabajar con Daniel Grinbank, pero tenía un mal recuedo de él, cuando en la época de Sui Generis se negó a organizarme un recital porque estaba muy ocupado. De todos modos, me parecía que era el más indicado. Pero yo lo extrañaba a Melgarejo, lo extrañaba de veras. Era una mezcla de padre, hermano mayor y amigo y además llevaba mis cosas de maravillas. Me fui a Piriápolis, me instalé solo en el hotel y durante una semana estuve ahí. Subía una colina desde la que se ve toda la bahía y hasta Punta del Este y me quedaba en el barcito mirando el paisaje o me sentaba en una roca a tocar la guitarra. Un día de esos, bajé de la colina y en el hotel me avisaron que me estaban buscando y que habían ido para el barcito pero por otro camino. Volví a subir y cuando llegué me puse muy nervioso, porque después de estar una semana solo y en un silencio casi total, me encontré con un idioma que casi había olvidado y con la manera de hablar de Susana López (la esposa de Oscar López), que era extremadamente porteña para ese momento mío. No era exactamente lo que precisaba. Yo observaba todo desde afuera y sentía la necesidad de no estar ahí con ellos. Alicia, Susana y Oscar López venían con el ritmo enloquecido de Buenos Aires y yo tenía el ritmo de una siesta de pueblo. Ahí fue que López me dijo que no tenía que trabajar con Grinbank, que se oponía por completo y que me iba a hacer la vida imposible si firmaba con él. Entonces me dijo que tenía el representante ideal para mí.- "Pity Iñurrigarro, un concheto que no tiene nada que ver con el rock, no usa drogas, tiene plata y no te necesita, pero quiere laburar con vos". Volvimos a Buenos Aires, nos reunimos con Pity y yo quedé en pensarlo, no estaba muy seguro. Y decidí borrarme otra vez, esta vez a Río Hondo, en Santiago del Estero. No sé exactamente porqué. Cuando Pity se enteró de que me iba a ir en auto me mandó un pasaje en avión y cuando fui a pagar la cuenta del hotel Los Pinos me dijeron que estaba todo pago. Así empecé mi relación con Pity.

"De parte de las grabadoras nadie espere que ninguna lo vaya a ayudar porque eso no existe. Ninguna grabadora ayudó a ningún músico de nosotros. Todo lo hicimos por nuestra cuenta ( ... ) Las compañías discográficas tienen un plan, si tienen tanta guita para difusión, esa guita va destinada a los músicos comerciales, porque esos músicos sin difusión por radio y televisión no venden. Nosotros ya vendemos solos".

1981

El primer trabajo que nos propusimos con Pity fue el de hacer una gira nacional en serio, tocando en todas las provincias. Pensábamos que no podíamos depender de los managers del interior, porque de esta manera se podía desvirtuar el proyecto. Fue entonces que se nos ocurrió la idea de convocar a los estudiantes secundarios de quinto año para que organicen los conciertos. No tenían que pagar por un show sino garantizamos la estadía (alojamiento y comidas) y de esta manera funcionábamos como socios: ellos se llevaban el treinta por ciento de la recaudación y nosotros el setenta. Por estas características de producción, nuestro contacto con la gente era mucho más directo e intenso que en otra situación. Muchas veces comíamos en casa de los chicos, donde las madres amasaban ravioles o los viejos preparaban asados. Otro elemento importante era que los chicos organizaban un concurso de músicos antes que llegáramos nosotros. El ganador abría nuestros shows, lo que no sólo le permitía mostrar su música ante una gran cantidad de gente (mucha más que si tocaran solos) sino que terminaba de redondear nuestra idea de acercarnos a la cultura de cada lugar, a sus expresiones artísticas, a su gente. Esta apertura me puso en contacto con músicos, poetas, actores, pintores, artistas de cada pueblo, de cada ciudad del país. Fue así que tocamos en todas las provincias (un promedio de unas doce localidades en cada una) en una gira que Oscar López bautizó como "De Ushuaia a La Quiaca ", un nombre muy original porque da una idea de la verdadera dimensión del proyecto y porque está compuesto por dos nombres indígenas, lo que refuerza ideológicamente la propuesta. Para mí fue muy importante que Pity se enganchara con la idea y me apoyara sin condicionamientos. Desde ese momento, mi confianza en él fue muy grande pero no somos amigos, como podría pensarse, después de tantos años y de tantas aventuras que encaramos juntos. Tenemos una relación rara porque aunque nos queremos mucho, no nos vemos casi nunca.

Yo sé que si se me ocurre hacer algo que no tiene un rédito económico asegurado -como "De Ushuaia a La Quiaca " o los conciertos de Seeger en Buenos Aires-, si se me ocurre por ejemplo grabar un álbum en el fondo del mar, él me va a apoyar. Pero no somos amigos. Es más, yo se dónde vive, tengo la dirección, pero no conozco su casa y no porque no quiera invitarme. Es así, simplemente.

Piturro, que hacía un poco de todo. En un momento también nos acompañó Gloria Guerrero. En los shows yo tenía dos micrófonos inalámbricos -uno para la guitarra y otro para la armónica y la voz- que me había comprado en los Estados Unidos, lo que me daba una gran libertad de movimientos. Como en la mayoría de los teatros hay un pasadizo que va por debajo de la platea, en determinado momento se apagaban las luces y me iba por ahí abajo y aparecía tocando en la tertulia. Estaba todo muy bien armado a pesar que no había muchos instrumentos: una guitarra, otra afinada en re con la que tocaba "Chacarera de un atardecer", "Continentes en silencio" y "Pensar en nada", y un charango. En esa gira terminé de entender lo que una vez me había dicho Facundo Cabral: que no es lo mismo tocar una zamba debajo de un ombú que en un décimo piso. Es que el folklore te penetra por la piel, por el clima, por los paisajes. Una cosa es escuchar una chacarero en Buenos Aires y otra muy distinta escucharía en Santiago del Estero, ese lugar tan árido, tan caluroso, con esa mezcla de razas (árabes, quechuas, criollos). Entre esta revelación y el curso que había hecho con Leda Valladares, comprendí que no hay un único folklore argentino sino una serie de folklores regionales, que están directamente relacionados con la gente, con el clima, con el paisaje. Entonces empecé a imaginarme a mí mismo, o a cualquier habitante de Buenos Aires o de otra ciudad, sentado muy cómodo en un sillón, con todo el tiempo del mundo, escuchando un disco que lo haga recorrer a través de las canciones todas y cada una de las provincias argentinas. "León -me dijo Leda-, vos lo que querés es hacer un mapa musical argentino ". Ni más ni menos.

Para esa época, el cassette con los temas de Sixto Palavecino suena todos los días en sus oídos. Y León lo quiere conocer, quiere acercarse al misterio de su música y a la sabiduría de sus palabras.

"Yo no lo conocía a León -contará Sixto años después del primer encuentro- y por teléfono, por radio de otro muchacho, nos comunicamos, nos saludamos y él me invitó a un recital que tenía que hacer acá, en Santiago, Bueno, ahí yo trastabillé un poco, no sabía qué contestar: ¿Y yo qué puedo hacer?, le dije. Yo debo estar un poco lejos de lo que hacen los jóvenes. Y después le dije, y bueno, puede ser. Y por fin eso fue. Nos juntamos un momentito antes de la función. Pero León tenía mi disco y había sacado algo, dos chacareras, un gato. Esa noche estaba temblando. Temblaba porque tenía que estar ante la juventud, ante los chicos que estaban esperando el canto de ellos. Me dije para adentro, me van a correr a los silbidos. Pero no fue así ......

Lo que hicimos fue como una revolución. Los chicos se preguntaban qué podíamos hacer juntos Sixto y yo, los medios se empezaban a ocupar de él, que con su sabiduría incomparable solamente decía cosas como "León Gieco es un músico argentino y su intención es tocar con los músicos de las provincias, quiere hacer conocer a la juventud nuestra música y está bien que toquemos juntos". Una maravilla. Me acuerdo que en una entrevista del diario "Clarín" el título era una frase de él: "Dicen que me he vuelto rockero". Pero Don Sixto no tenía que tocar rock, para nada. Era yo el que tenía que tocar folklore.

Mi intención era mostrar la música de Sixto a la gente más joven, traer su música y mostrarla desde otro ángulo, para un público masivo, que era el que yo tenía en ese momento. Pero a mí me sirvió para tenerme más confianza, aprendí a decirme "si tocaste con Sixto podés tocar con los Carabajal, con Isaco Abitbol". Fue una de las experiencias más inolvidables de mi vida, y en un momento muy especial del país, con la dictadura comenzando a caer lentamente. Estoy seguro que muchas de las cosas que hicimos en esa época, a principios de los '80, no hubieran sido posibles dos o tres años antes. Tocar con Sixto, trabajar en cooperativa con los estudiantes secundarios, convocar a los artistas locales o compartir la mesa con la gente de cada lugar seguramente hubiera sido considerado como subversivo. Y, en el verdadero sentido de la palabra, lo era.

"A los políticos -dice al diario "El Territorio", de Posadas- uno les pregunta de cultura y ellos hablan de educación y son dos cosas diferentes. A lo mejor hay un bagualero salteño que no sabe ni leer ni escribir, y eso es pura cultura argentina".

"Yo creo que estoy representando a la gente. El contenido de mis canciones es más social que político. Yo no quiero cambiar nada. La canción no cambia nada. Sigue paralelamente el proceso que estamos viviendo"

Para mí esto es un compromiso y es un trabajo. El éxito me entra por acá y me sale por acá. Yo, por ejemplo, en este momento soy un tipo popular. Entonces, ¿qué tendría que hacer? ¿Salir con los vidrios polarizados en Buenos Aires para que no me molesten? No, loco, a mí me encanta que me molesten, que me pidan autógrafos".

El inventario se completa con un hecho por demás relevante: poco más de seis años después del nacimiento de Liza, León y Alicia invitan a Joana Gieco, que se asoma a la vida el 24 de agosto de 1982, a conocer el mundo. El embarazo de Joana lo vivimos con la misma intensidad, expectativa y amor que el de Liza. Pero desde un principio sospechamos que no iba a ser de la misma manera. El impacto del parto seguramente no iba a ser igual, el estado emocional de Alicia era otro, yo estaba pasando una época muy autodestructiva. De todos modos, nos preparamos para hacerlo lo mejor posible, llevamos música y estuvimos juntos esperando el nacimiento, pero Joana venía con el cordón atravesado en la cabeza y tuvo que nacer por cesárea. Después, participé de toda la cuestión de pañales, mamaderas, baños y todo eso, como había hecho con Liza. Varias veces pensamos con Alicia en tener otro hijo pero siempre llegamos a la conclusión que dos es un número más que suficiente. A partir de allí empezamos a perfilar lo que sería la educación de nuestras hijas. En realidad siempre fue una gran improvisación basada en un principio esencial: la verdad. Es que yo no puedo fingir. Si estoy bien o si estoy mal no puedo ni quiero disimularlo. A veces la verdad es problemática, es conflictiva, pero de última es el sentimiento más sano y más puro que existe. Les enseñamos que ni padres ni hijos tienen privilegios y que estamos aprendiendo a ser padres al mismo tiempo que ellas aprenden a ser hijas. La relación que tenemos con ellas es la misma que tenemos Alicia y yo. Sin caretas. Esto a veces generaba algunas confusiones y algunos conflictos porque no escondíamos nada y Liza (que en muchos aspectos se parece a mí, hasta en la piel) y Joana (que es mucho más parecida a Alicia en su forma de ser) actuaban como si fueran hermanas nuestras y no jugaban el rol de hijas. Esto causó conflictos y tuvimos que aprender a diferenciarnos como padres. Es exactamente lo que me pasó a mí con mis viejos, con la diferencia que esa era una relación muy conflictiva de la que creo haber aprendido para no repetir los mismos errores. Me siento orgulloso, por ejemplo, de haberles enseñado a no fumar, un aprendizaje que personalmente me llevó casi treinta años de mi vida. Afortunadamente fui un buen maestro en este tema y las chicas no sólo no fuman sino que sienten un rechazo profundo hacia el cigarrillo y hacia todas las drogas, las legales y las que no lo son. También fueron mis hijas quienes me terminaron de enseñar cómo hacer para no fumar. Como yo les había hablado tanto y tan mal del cigarrillo, no era coherente que fumara delante de ellas. Por eso, cuando tenía ganas me iba a mi estudio o a dar una vuelta, me iba de mi casa para poder fumarme un cigarrillo. Hasta qué me di cuenta que en todo ese tiempo me estaba perdiendo la alegría de estar con ellas, de verlas crecer, mucho más teniendo en cuenta que por mi trabajo pasamos muchos días sin vernos. Cuando terminé de entenderlo, dejé de fumar. Es uno de mis mayores éxitos. Y Liza y Joana tienen una gran responsabilidad en este triunfo. Por eso se los agradezco. Aunque al faso lo sigo agarrando, según el grado de locura en que me encuentre.

El actor y director Sergio Renán le pide a León que se haga cargo de la música de la película "Gente linda", una realización de Chango Producciones. León agradece la oferta al tiempo que la rechaza, argumentando que la presencia de Ramón Bautista "Palito" Ortega como socio de la empresa es un obstáculo insalvable. Más aún, este episodio le recuerda una foto de Palito con los líderes de la dictadura y le sugiere la composición de "Cantorcito de contramano", una canción "dedicada" al empresario y cantautor tucumano, que nueve años más tarde se consagrará como gobernador de su provincia luego de una prolongada estadía en los Estados Unidos.

Ortega opina sobre el tema en la revista "La Semana" del 2 de septiembre de 1982: "Sólo le pienso contestar si Gieco se anima a sentarse frente a mí y confirma que la letra es para mí... Pero no creo que tenga las agallas suficientes".

Palito me llamó por teléfono para decirme que hasta que escuchó "Cantorcito de contramano" me consideraba uno de los grandes músicos de la Argentina y que desde que la escuchó ya no opina lo mismo. En realidad, no creo que nunca haya gustado de mi música. Yo, en cambio, cuando veía las películas de Palito Ortega en Cañada, estaba totalmente celoso y envidioso de él. Cuando las chicas suspiraban cuando aparecía bailando el twist me sentía un infeliz. Pero me encantaban, me parecía bien cómo actuaba y me sentía identificado con el pibe del interior que va a Buenos Aires y triunfa como cantante. Era mi propia fantasía y, en cierto sentido, terminó siendo mi propia historia. Por eso en ningún momento me pareció que la letra de "Cantorcito de contramano" fuera ofensiva, porque en el fondo es una letra cariñosa, es crítica pero está escrita con buena leche. En ese momento me pareció que él podía reflexionar sobre algunas cosas, revisar sus cosas, volver a sus orígenes que, después me di cuenta, había abandonado para siempre. Pero el cariño existe. De no ser así no lo hubiera llamado (en 1991) citando se postuló para gobernador de Tucumán cuando su principal adversario era el general Antonio Bussi. Lo llamé a la casa y le dije que si su oponente fuera un radical no me molestaría en llamarlo para manifestarle mi apoyo. Pero tenía claro que entre Palito y Bussi, la opción era una sola. Siempre pensé que tenía que ganar en Tucumán porque aunque representa la mediocridad argentina, lo otro es la vergüenza, el asesinato, el indulto, y yo prefiero un gobierno democrático incipiente antes que un gobierno militar asesino. Por eso me ofrecí para publicar una solicitada de diferentes artistas apoyando su candidatura, que salió tres días antes de las elecciones firmada por Mercedes, Víctor Heredia, Tarragó, yo y otros músicos. Pero le hice saber que recordaba sus reuniones con Viola y con Massera y que esperaba que se reivindique como gobernador porque con sus canciones no lo había hecho. Como diría Charly, bancate ese defecto. Por eso no acepté hacer la música de la película de Renán, no por él sino porque no me hubiera sentido cómodo trabajando para Palito, que era el dueño de Chango Producciones. Nada personal.

"De Piazzolla nunca me voy a olvidar que vino acá, usó el rock para llenar de gente el Rex y después dijo que el rock era una basura" (Revista "Tal Cual"). "Mi forma de llamar la atención es igualándome con la gente.

"Latinoamérica es la última reserva de alimentos que tiene el planeta, pero también es la última reserva espiritual y musical" (Diario "El País", de Montevideo). A fines del '82 decidí parar con todo lo que venía haciendo. Le dije a Pity que necesitaba tres o cuatro meses de descanso porque estaba realmente agotado. Pero fueron casi tres años. Estaba muy golpeado por Malvinas

Sentía que no servía de nada que todo el país cantase "Sólo le pido a Dios", que era una canción pacifista, y la guerra matara a tantos pibes. La única esperanza que tenía era la lucha por los derechos humanos

Era lo único que me motivaba para seguir, aunque sabía que formaba parte de ese mismo uno por ciento de siempre: el que lucha por los derechos humanos, por la libertad, por la ecología, por torcer el rumbo de este sistema de mierda.

Me dediqué a estudiar más en profundidad las músicas regionales, hice un curso de músicas universales con Leda Valladares en la Librería Clásica y Moderna, trabajé en el Movimiento por la Reconstrucción y el Desarrollo de la Cultura Nacional y empecé a pensar en "De Ushuaia a La Quiaca " como un proyecto antropológico a partir de todo lo que había visto, conocido y aprendido en la gira.

Nadie podía entender que en el momento de mayor éxito de mi carrera largara todo para embarcarme en la reflexión. Pero no fue algo que me propuse hacer, no fue nada deliberado, ni siquiera fue una estrategia para que la vuelta sea más espectacular. Realmente sentía que el éxito de "Sólo le pido a Dios", que las hinchadas la cantaran en la cancha, no era capaz de modificar nada. Que yo no podía cambiar la realidad y que había demasiado sufrimiento. Y que había un país desconocido que Buenos Aires seguía ignorando como siempre. 0 más.

Recopilado y enviado por Daniel Buero
Del libro
"Crónica de un sueño", de Oscar Finkelstein (periodista de Clarín y ex colaborador de Página 12, El Periodista, El Porteño y Play Boy).

 

Gieco
(Resumenes Leru´s Style)
Fragmentos por Carlos Polimeni para Página 12

Leon Gieco

A LOS 10 AÑOS
"En mi casa no me festejaron nunca un cumpleaños, supongo que porque entonces no se estilaba. Salvo una vez, no sé cuál fue, que vinieron todos los amigos, y me peleé mal con mi mamá."
Raúl llevaba tres tocando su guitarra Calandria.

Ya había tenido dos vidas. Una en el campo, que duró cinco años y fue como un sueño. Otra en el pueblo, que lo hizo madurar rápido, acaso demasiado rápido. La del campo le inundó el alma de colores, olores y palabras que aún le pueblan el alma.

El dinero escaseaba en lo de los Gieco, y no era para eso que se habían mudado. Pero el padre no podía parar de jugar por plata en el boliche, ni de tomar, para consolarse por la plata que perdía. "En realidad –piensa ahora– él había decidido la mudanza por comodidad: cuando vivíamos en el campo hacía lo mismo, gastarse la plata en bebida y juego, pero tenía que hacer diez kilómetros de noche para volver a casa, y entonces decidió acercar su casa al vicio. En el campo yo a veces lo escuchaba putear y putear cuando a la madrugada tenía que levantarse para ir a laburar al tambo después de una noche de chupar. En el pueblo, las puteadas eran de mi mamá a él".

Experto en el arte de mutar lo malo en bueno. Sacar lo mejor de lo peor. Por eso pudo hacer lo que hizo cuando era chico y se hartó de recibir siempre las mismas medias y la misma camiseta de frisa mientras sus amigos encontraban la pelota, la bici, el autito al pie del arbolito. "Cuando vine del campo, sentía mucha vergüenza con los chicos del pueblo. Vivíamos bastante...pobres éramos. A los chicos les regalaban para Navidad la pelota, los juguetes, y salían a mostrarlo, y yo me pasaba la Navidad saliendo a mostrar nada, porque mis viejos me regalaban una camiseta de frisa y dos pares de medias. Como yo trabajaba, para una Navidad me compré El Estanciero y lo escondí abajo de la cama, para que mis viejos no se sintieran mal. Esa Navidad, como siempre, me dieron la camiseta y las medias, pero al otro día me levanté, y cuando mi viejo no se dio cuenta saqué El Estanciero y salí a la calle a mostrar lo que me había dejado... el Niño Dios".

Apenas llegamos del campo al pueblo, mi vieja no me dejaba cruzar la calle. No sabía muy bien por qué, porque no pasaba nadie, un sulky de vez en cuando. Pero yo me quería cruzar porque enfrente vivía un relojero que tocaba el bandoneón y el acordeón. El tipo tocaba a la noche y yo quería ver los instrumentos. Un día, después de cinco días, me animo a cruzar la calle y el tipo estaba arreglando relojes y me vio por la puerta de vidrio. Entonces el tipo me abre la puerta y me dice: "Vení, ¿vos sos Raulito, el que llegó del campo?". "Sí", le dije yo. "¿Y cómo es que viniste para acá?" "Porque yo sé que usted toca el acordeón", le dije. "Sí, y el bandoneón también." Los saca y me los muestra, un acordeón impresionante. El tipo había suspendido su tarea de relojería para mostrarle sus instrumentos a un chiquito de 5 años... Tocó un poquito los dos y yo estaba anonadado. Y después me dice "Mirá esto" y saca un cajón, lo destapa, le da cuerda, le pone encima un plato negro y empieza a salir música. "La jota cordobesa", de Marcos López, que interpretaba Antonio Tormo, Tan es así, que pasaron más de cuarenta años y yo le hice el disco a Antonio Tormo (20 Y 20, 1997) y grabé "La jota cordobesa" con él. O sea, mirá cómo se van dando las cosas en la vida... 

Guitarra CalandriaFue entonces que se compró la guitarra Calandria (foto), y aún no sabe bien por qué. La pagó en cuotas, después de convencer a uno de los responsables del negocio, en que vendían de todo, de que sus dos trabajos le daban solvencia económica. "El Cinta de Plata, que venía del norte, paraba en mi pueblo todos los jueves, para reabastecer la máquina seguramente. A mí, primero se me dio por la melancolía de imaginarme adónde iba toda esa gente. Pero después descubrí que en esa parada como de media hora la gente se aburría, y monté un kiosquito. Vendía empanadas que hacía mi vieja, Bidú Cola y revistas, que me daban en concesión. Me iba bárbaro".

La magia de los trenes trajo la irrupción de los crotos, que lo fascinaron. "Los miércoles, en el tren de cargo, bajaban los linyeras, y mi bisabuelo tenía una especie de posta de crotos, en que podían pasar la noche gratis. Supongo que mi bisabuelo se identificaba con esos tipos, renunciantes de la vida. Me dejaba totalmente impresionado esa gente, a la que nadie le pedía que trabajase, y a la que todos respetaban. Me llamaba mucho la atención esa especie de ceremonia de solidaridad con el desconocido. En la estación, debajo de un brete, los crotos guardaban las latas con que se hacían de comer. Un día, queriendo ser como mi bisabuelo, les regalé unos huesos con carne que me había robado de la carnicería, y seguí haciendo eso durante mucho tiempo. Todavía recuerdo la cara de los tipos cuando yo llegaba en mi bicicleta. Ahí viene el pibe, ahí el viene el pibe, gritaban, y yo me sentía bárbaro".

A LOS 20 AÑOS
A los 14, becado por el Rotary Club fue a Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, a dar unas charlas sobre la Argentina, que completaba tocando zambas. Eso recordaba los días del verano del '69 en que decidió largarse del pueblo, mientras daba vueltas en bicicleta por esas calles polvorientas. "Si pude irme a Bolivia a los 14, ¡como no voy a probar con Buenos Aires a los 18, después del secundario!", se alentaba.

León se instaló en el centro, cerca de "donde trabajan los presidentes", la Casa Rosada. Primero en Defensa y Moreno, en una pensión, luego en un departamento de un ambiente, en Sarmiento y Uriburu. "Jamás voy a olvidar mi primer lunes en Buenos Aires. Nosotros habíamos llegado el sábado, y pasamos un fin de semana bárbaro, con la ciudad semivacía, conociendo lugares impresionantes, como el Cabildo, que estaban en nuestros libros de Historia. Pero el lunes, cuando salimos de la pensión y vimos la multitud en la calle... nos agarró una sensación de asfixia."

"Parecía que el año 2000 había que pasarlo en un lugar requetesuperespecial, porque si no eras un idiota. Y a mí me dio el trauma de decir: "¿Dónde cuernos voy a pasarlo, soy León Gieco, tengo que pasarlo en un lugar posssta?" Y se me dio. Esperé el año 2000 en el mejor lugar de mi vida: cantando en Plaza de Mayo. Estaban mis suegros, mi vieja, los padres de mi yerno que habían venido de Colombia, y los embauqué a todos y les dije: "Bueno, la comida la dejamos para después de las 12. Ahora vamos a la Plaza porque voy a cantar". Era una noche maravillosa y desde el escenario miraba el banco en el que nos habíamos sentado con el bajista, recién llegados del pueblo con la guitarra y la valija, dos payucas: "Che, me parece que, por el color, ésa es la Casa de Gobierno, ¡y ése es el Cabildo!" Nos parecía increíble que las primeras cosas que conocíamos fueran la Plaza de Mayo y el Cabildo. El 2000 lo empecé tocando en esa plaza, para las Madres. A las 12 en punto todos brindamos con sidra y fuimos con la familia a comer. Fue un gran lugar. Hasta esa suerte tuve". (León Gieco, 2001)

Un día, pensando que el destino estaba en la música, buscó en la guía la dirección de las compañías discográficas. Encontró la de Odeón. Pensó: "Ésta está bien, es la de Los Beatles y Carlos Gardel". Se tomó un colectivo rumbo a Flores y bajó en Rivadavia como al 8000 con la dirección anotada en un papel. El cartel decía Odeón, pero a todas luces se trataba de una pizzería. Estudió la situación y llegó a la conclusión de que la compañía debía estar arriba. Nada. Arriba había billares. Ese día entendió que en Buenos Aires puede haber más de un lugar con el mismo nombre. La depresión lo llevó a encerrarse en la pensión. Esa noche compuso, sin darse cuenta, "La Navidad de Luis". Antes de eso, se había obsesionado con Pipo Mancera. "Estaba seguro de que él me iba a escuchar y me iba a permitir cantar en 'Sábados circulares'. Durante mi niñez, mi juventud, los sábados me sentaba toda la tarde delante del televisor y esperaba los números musicales: ahí vi a Los Shakers, Almendra, Sandro y Palito. Para mí ese programa era triunfar. Yo pensaba que triunfar era cantar ahí, con mi pueblo entero viéndome en blanco y negro en el televisor Ranser de la cantina del Club Juventud Unida, que ya mi viejo tenía en concesión".

"Cuando llegué, en realidad lo que quería era ser famoso, no cantante. Serrat dijo una vez que empezó a cantar para levantarse minas. Y ésa es la verdad de los músicos. Yo de chiquito aprendí que si te subís a un escenario las minas te dan bola. Entonces mi venida a Buenos Aires era la búsqueda de la fama. Insisto con el hecho de que a mí me hizo artista aquella época, aquel momento de la ciudad, porque hasta entonces a mí el cómo iba a lograrlo no me importaba mucho, lo que me importaba era la fama. Yo no traía conmigo la idea de componer canciones."

Fue la primera grabación profesional que hice. Porque anteriormente había hecho una cosa que la pagué yo en (el estudio) Phonalex, en la calle Santa Fe, donde había grabado un tema de los Bee Gees cantado en inglés. Y en el lado B, una canción mía, que nunca grabé en mi vida. Me sirvió a mí para irme a Cañada, llegar a la pileta de natación donde estaba todo el pueblo, poner el simple de vinilo y que la gente comente que yo ya había grabado. No dije nada que era una grabación de prueba, que yo la había pagado: León Gieco había grabado.

Daniel Ripoll, era un momento en que teníamos muy buena relación. Él me daba discos para criticar en la revista "Pelo". Yo le dije, "Mirá me están ofreciendo grabar a los Bee Gees en castellano, para RCA, ¿qué hago?". Y él me dijo, "No, ¿qué vas a hacer a los Bee Gees en castellano? Si traducís las letras de los Beatles y son una porquería, imaginate las de los Bee Gees. Aguantá que ahora viene el "Acusticazo", yo te voy a poner ahí para que cantes, vamos a hacer un disco". Entonces aguanté y grabamos "Hombres de Hierro", en la calle Belgrano, el teatro se llamaba Atlantic.

Antes de grabar su primer disco, León trabajó de periodista, o crítico musical, en la revista Pelo y recibió una oferta para grabar temas de los Bee Gees en castellano, con arreglos de Horacio Malvicino. En la revista escribió críticas de discos de Eduardo Mateo, Neil Young, de Desatormentándonos de Pescado Rabioso y del primero del grupo Alma y Vida. El director de la revista, Daniel Ripoll, le dijo que no le convenía la propuesta de grabar temas traducidos y lo indujo a buscar en nombres consagrados como los de Litto Nebbia y Gustavo Santaolalla un apoyo para llegar a grabar los suyos en buenas condiciones. Además le ofreció incluirlo en un concierto, que luego se editaría en long-play, llamado El acusticazo. León los admiraba a ambos, profundamente.

NdeT: Curiosamente (o no), los dos tipos que le mencionó Ripoll, pertenecían a su misma provincia, Santa Fé.

"En un momento de mi vida, cuando Los Gatos ya habían grabado y yo vivía en mi pueblo, imitaba muchísimo el modo de cantar y hasta de gesticular de Litto. Para mí era un Dios, y sigue siendo. Cuando apareció 'La balsa' recuerdo el flash que fue para nosotros en Cañada Rosquín. Dejé de cantar como él cuando me encontré acá con un tipo que lo hacía mejor que yo, Rodolfo Haerle. Pero me acuerdo con mucha ternura que poco después andaba por Buenos Aires llevándole la guitarra a Nebbia, que me llamaba para que lo acompañara y yo estaba chocho de que sólo me hablara, me tuviera en cuenta. Litto era, y es, un tipo muy gracioso, muy divertido. Un día se quedó a pasar la noche en mi departamento y cuando me desperté y lo vi en la cama de al lado me parecía mentira haber dormido en la misma habitación."

Nebbia se sorprende cuando escucha la anécdota, y hurga en su memoria para recordarla. Ahora sí, el dato vino a su mente, desde el pasado. "También me acuerdo de que cuando me fui le dejé una letra que había escrito la tarde anterior, en un café", cuenta. "No sé si Leoncito le puso música alguna vez. Capaz que la tiene guardada".

Si en la historia del rock argentino hay una Santísima Trinidad (en que Charly García es el cronista, Luis Alberto Spinetta el poeta y León la conciencia social) está claro que Nebbia es el profeta, el hombre que predicaba en el desierto cuando sostenía, en 1963, '64, '65, que se podía cantar rock en castellano. Los dueños del negocio se burlaban de él y lo acusaban de mersa, de grasa, de berreta, de rosarino.

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Cómo se fueron dando, que yo me volví loco con Los Gatos y el primer año que estuve acá ya era amigo de Litto. Litto se quedaba a dormir en mi departamento... Fijáte vos Almendra, por ejemplo, que para mí era impresionante: el primer laburo que me tira Daniel Ripoll, el director de la revista Pelo, es hacer la crítica de cinco discos en la revista para conseguir unos mangos, 100 pesos, algo así, o 50 pesos, porque Ripoll me apreciaba mucho y creía que lo que yo hacía era importante... Uno de los discos era Harvest, de Neil Young; otro Desatormentándonos, de Pescado Rabioso; Alma y Vida; Mateo solo bien se lame, y el otro no me acuerdo. Y Spinetta me encuentra en un recital y viene y me dice: "Me gustó mucho tu crítica".

 - ¿Qué dijiste de "Desatormentándonos"?

Dije que era un muy buen disco, que lo que más me había gustado era que Spinetta cantaba muy parecido a Mick Jagger, que no era un gran violero pero era un extraordinario segundo guitarrista, cosa que era muy difícil de conseguir, y eso le encantó.

 - ¿Y qué dijiste de Mateo?

Dije que el LP era lindo, pero que las letras eran descomprometidas. "Nada de compromisitos", dije.

 - ¿Hoy seguís pensando eso?

Yo ni sabía quién era Mateo...

 - ¿Y las letras de Luis? ¿Te parecían difíciles? ¿Intentabas, como muchos de tu generación, "traducirlas"?

No, jamás. Lo veía por otro lado. Amén de que es un poeta increíble, y que las letras eran difíciles y no se entendían muy bien, a mí me gustaba lo que escuchaba... Yo sentí mucha desilusión cuando empecé a traducir las letras de los Beatles, pero ahí reconocí que la palabra cantada tiene también un sonido que es muy importante.

 - No te las arreglaste muy bien a la hora de encajar la fonética del inglés en el castellano. la "cabezá", la "tierrá"

Bueno, ahora no lo hago más. El primero que me hizo notar eso fue Litto Nebbia.

 - ¿Qué te dijo?

Me dijo que era horrible. Que había que buscar la forma de acentuar bien, y en realidad es fácil hacerlo. En los discos de ahora ya no hago eso.

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"El día en que Gustavo Santaolalla me dijo: Tus canciones son hermosas fue el primero en que, estando en Buenos Aires, me fui a dormir tranquilo. Estaba empezando a ver mi futuro."

Cuando Nebbia se enteró de que había comenzado a grabar con Santaolalla, una noche en que cenaban en un restaurante, se indignó: le arrojó a León en la cara la cerveza que tomaba. "A mí incluso eso me hizo bien: me tiró la cerveza en la cara, pensaba, porque le importo", se ríe Gieco. Los profetas a veces se enojan con sus discípulos.

A LOS 25 AÑOS
La detención más grave fue, empero, antes del golpe, luego del atentado en que Montoneros voló la lancha en que se aprestaba a navegar por El Tigre el jefe de la Policía Federal, el comisario Villar. León había grabado antes de la muerte de Villar un tema para un programa televisivo que conducía Leo Rivas y un servicio de inteligencia creyó que en su actuación había una alusión a eso. "Había cantado mi tema 'John Lennon el cowboy' y una parte de la letra decía: 'Y John mató al sheriff y el pueblo gritó Libertad'. Algún genio encontró una relación y me detuvieron".

"Sólo le pido a Dios" se convirtió en el tema más pasado por radio de la historia del rock nacional hasta entonces y con sus derechos de autor León compró lo que sería su primera casa en serio, en el barrio de Caballito. Podría pensarse que a partir de ahí se estableció, pero eso es una imagen: también para él los 80 fueron veloces y tóxicos, también para él sobrevendrían las crisis personales, estéticas y éticas, y componer se le fue haciendo un trabajo más y más lento. León se las arreglaba para llevar adelante una carrera de músico y a la vez una familia, y a veces las canciones quedaban relegadas.

Cuando estalló la Guerra de Malvinas, un comunicado militar prohibió la emisión de canciones en inglés al tiempo que declaró de interés nacional las canciones de paz como Sólo le pido a Dios, de Léon Gieco. Cuando sus enemigos lo declararon de interés nacional, fue el caos. –Me agarró cansando y estaba tomando mucho alcohol. No pude cantar desde 1981 hasta 1985. Dije: "A lo mejor acá termina mi carrera, y tengo que volver al pueblo a hacer otra cosa". Mercedes Sosa me dijo: "Te noto un poco raro, nene", y me mandó a Puígari, el centro adventista de Entre Ríos. Dejé de tomar alcohol, pastillas, dejé de fumar. Y empecé a cantar de nuevo.

La valentía de haber tocado en 1980 "La cultura es la sonrisa", inspirada en una idea del sacerdote y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal durante un acto contra el cierre de la Universidad de Luján lo llevó otra vez a visitar sin querer un cuartel, para escuchar los sambenitos del oficial de turno, pero ya la cartas estaban echadas: su popularidad estaba convirtiéndolo en un intocable. León grabó la canción con una estrofa menos, que de a poco dejó de cantar. Esa estrofa dice: "Solo llora en un país donde no la pueden elegir/ solo llora su tristeza si su ministro cierra una escuela/ llora por lo que pagan con el destierro/ o mueren por ella/ Ay ay ay que se va la vida/ más la cultura se queda aquí".

Alicia lo bautizaría poco después "Garrincha", por el manochanta brasileño, no por el futbolista, por su tendencia a pararse a hablar con cuanta persona le presentara un problema, le narrase una cuita, le pidiese una ayuda. León tomó el oficio de ser buena persona como una prolongación de su carrera. Cierta vez en Alemania, le pidieron a Mercedes Sosa el nombre de unartista argentino para contratar y llevar de gira por Europa. Mercedes contestó: "León Gieco". El hombre le preguntó sobre la música que hacía."Cómo Bob Dylan, pero en castellano", definió la tucumana, que lo quiere como a un hijo. O más. "Pero señora, si quiero a Bob Dylan, contrato al auténtico", le replicó el empresario. Mercedes se arrepintió, y cambió la definición. "No, quise decir como Bob Dylan pero del folklore argentino". Al empresario le encantó. Mercedes lo llamó a su amigo, para contarle la nueva. Le dijo: "Cambie la banda, Leoncito, que lo van a contratar como folklorista". Durante los cinco años posteriores, León hizo giras por Europa, tratado como una estrella, interpretando folklore argentino.

Un día en una fiesta de cumpleaños León le dijo al baterista de un grupo pop que por qué no se animaban a hacer un carnavalito y grabar un video en Tilcara. El baterista era Charly Alberti y de ahí salió la idea de "Cuando pase el temblor", el tema que le abrió a Soda Stereo buena parte del mercado latinoamericano.

León grabó "Príncipe azul", del genial uruguayo Eduardo Mateo. Cuando se presentó en Montevideo, un Mateo en estado deplorable le mangó entradas que luego vendió para comprar vino y choripán. Nunca le había perdonado la crítica del disco en Pelo, en 1970.

River Plate repleto junto a Peter Gabriel, Bruce Springsteen y Sting. En un momento de los ensayos, Springsteen quiso recordarle a todos quién era la estrella del concierto, y Charly lo cruzó mal. "Here, in Argentina, I'm The Boss", cuenta León que le dijo Charly al The Boss original. "Yo quería que me tragara la tierra, pero al mismo tiempo me decía: Y bueno, loco.... Charly es Charly. Y a mí me fascina. A Spinetta lo respeto, pero no me produce nada. Charly, en cambio, te encandila".

Nueva York, en los camarines la madre de David Byrne le llevó una torta de regalo, en un gesto que lo dejó conmovido para siempre. "Mi hijo dice que será para él un gran honor cantar esta noche junto a un hombre tan importante como usted", le dijo la señora Byrne. León atinó a contestarle: "Usted no sabe lo orgullosa que está mi madre de que yo cante con alguien como su hijo".

NdeT: Yo había escuchado esta anécdota al revés. Byrne le decía a León: "mi madre va a estar orgullosa de que yo cante con usted".

Unos días antes, después de un show, un hombre y su hijo se le habían acercado en busca de un autógrafo. León miró al padre y reconoció en él un rostro del pasado. "Vos sos Carlos López, vos tocaste conmigo hace treinta años", lo atacó. López no podía creer lo que pasaba. Murmuró que no se había identificado porque estaba seguro de que el músico famoso no se acordaría de sus compañeros de aventuras juveniles. "¡Cómo no me voy acordar, loco!", lo retó León. "Vos sos más importante para mí que David Byrne... vos tocabas conmigo cuando no había un mango, vos pasaste hambre conmigo. ¿Cómo te voy a olvidar?".

A LOS 50
"Efecto Bagnatto", patentado por Alicia.

"El otro día, en una actuación en la Ciudad Universitaria, mi manager me cuenta que en el acceso al lugar donde estábamos los músicos hay una chica con un ataque de nervios. Me dice que la va a hacer pasar porque no puede controlarla, y que la ve mal. Yo le digo que más bien, que la haga entrar a esa especie de casa rodante que nos acompaña en los shows, ¿viste?, para tener un lugar donde cambiarnos, descansar, ir al baño. La chica entra, me ve, y se pone como loca. La abrazo un rato largo, hasta que se va aflojando. Me explica que su mamá le ponía mis discos durante el embarazo, y que ella creció escuchándome, y que lo ha hecho toda su vida. Que soy como un miembro de su familia. Y yo le digo que sí, que se calme, que soy como un tío lejano, un pariente suyo, que no vale la pena ponerse histérica porque soy un tipo normal. Ella se va feliz".

Para León el "Efecto Bagnatto" es que para centenares de miles de argentinos él es una referencia casi familiar, a fuerza de costumbre, pero de algún modo inaccesible. El país, entonces, está lleno de gente que al verlo se da cuenta de que estaba buscándolo y que al verlo hace catarsis. Eso no le hace tan bien como parecería, al multiplicarse. "Pánico", le dijeron los médicos hace unos años, cuando sintió que todo en su derredor parecía tambalear. Uno de los consejos que recibió fue que no haya tanto afuera en su adentro. ¿Pero cómo dejar de ser León, después de media vida de serlo?

"Un día, con mucha timidez, le pedí a León que grabase con nosotros, en 1996. Para mí, era el ídolo de mis viejos, el tipo de esos discos de los 70 que uno sabe de memoria. Me puse un poco nervioso, entonces, cuando llegó al estudio, dispuesto a hacerlo. El tema era 'Hasta estallar'. Y pasó todo lo contrario a lo que uno imagina cuando invita a una estrella, que León lo es, aunque sus gestos parezcan indicar lo contrario. A los cinco minutos el tipo estaba tomando mate con nosotros, departiendo, bajando todos los decibeles. A los quince minutos parecíamos amigos de toda la vida. Terminó cebándonos mate. Cuando se fue, con la guitarra, nos dimos cuenta de que había venido sin auto. Se negó a que le pagásemos el remís. Así es León. Para mí, aquel día fue el comienzo de una bella amistad". (Ivan Noble, de Los Caballeros de la Quema)

León fue invitado en los últimos quince años por docenas de grupos y solistas a grabar o cantar en shows, de un espectro tan amplio que va de Antonio Birabent a ANIMAL, de Los Enanitos Verdes a Fabulosos Cadillacs, de los Caballeros a Claudio Gabis, de Luis Alberto Spinetta a Los Jaivas, como si fuese un especie de talismán, un antimufa del nivel del auténtico Osvaldo Pugliese.

 

"A los 60, me veo cantando todavía, con un montón de proyectos, haciendo como ahora un disco (se ríe) cada cuatro años. Lo único que pido es seguir viviendo, no tener ninguna enfermedad. Puedo perder todo lo que tengo y no me importaría un bledo porque a mí con la vida me alcanza. Ahora que cumplí 50 lo único que agradezco, en este país en que asesinaron a tanta gente, y siguen asesinando, es estar vivo. Tuve suerte: mi carrera fue de inconsciente. Y lo que tengo en lo material, una buena casa, un estudio, posibilidades de viajar, fue el resultado de haber proyectado esa inconciencia hacia adelante. Siento que tuve suerte, que no planifiqué nada y las cosas salieron bien. A los 60 me gustaría estar establecido económicamente como para no cobrar ya jamás entradas en mis recitales. Eso me encantaría: cantar sólo para la gente que me necesita, tocar gratis. Me encantaría poder dejar de trabajar para mantener a mi familia, y dedicarme sólo a salir a la ruta, yendo hacia la gente que no tiene nada. Pero eso es muy dificil en este país.
Me acuerdo de mi niñez, de mis 6 años, de levantarme, ponerme el guardapolvo y la escarapela y de ir a la escuela orgulloso de ser argentino, de mi patria, de haber cantado el Himno Nacional en la plaza, creyéndome eso de debíamos vivir coronados de gloria, o jurar con gloria morir. Yo amaba mi país. Hoy creo que en los colegios habría que cantar como Himno Nacional 'Cambalache' "

Solo le Pido a Dios
Por suerte, soy un tipo de suerte. No soy creyente. Dios no sé lo que es. Aunque creo en unos dioses, creo en las tormentas en el cielo, en la luna. Generalmente, mi dios es femenino. Es la naturaleza.


León Gieco / Banda de Caballos Cansados (1973-1974)
por Tano de Palermo

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León habia grabado en el 72 su primer LP, unas 10 canciones con producción de Gustavo Santaolalla. Como banda de acompañamiento, contaba con todo el grupo Arco Iris. La ya legendaria obsesividad de Santaolalla desembocó en un disco prolijo, redondo, perfectito.
Pero años después, León & su Banda de Caballos Cansados (Gorosito, Batan, Busso) encaran un desafío. Grabar, completamente solos, el segundo LP de León Gieco.
Si en el disco anterior se lo notaba contenido, preocupado por no desafinar, aquí León es un caballo desbocado, totalmente salido de sus casillas, sin nadie que lo controle de cerca, experimentando bastante por momentos e interviniendo en arreglos, sonido y arte de tapa (*)


(*) Entre las mejores tapas del rock, en cuanto al concepto. De impresión barata (1 color: negro), la excelente foto no respeta los límites del formato del sobre y se extiende mas allá. Cabe aclarar que el diseño gráfico como carrera universitaria tuvo su apertura en Argentina en 1986, es decir que todos estos artistas eran completamente intuitivos.


Comienza el LP con "Si ves a mi padre" con letra que deja en claro el origen de León y que en el sobre remarca con la frase:
"Agradezco a todos aquellos que pueden entender, o a los que no entienden pero hacen algo por entender todo esto que una vez fue mío" (Frase validada por otra que aparece mas arriba: "Un ramo de flores dulces para ´Norte´, mi compañero de tapa")

Mi viejo tomaba y nos arrió a todos al pueblo, para poder tomar y jugar a las cartas. Pero nos empezamos a morir de hambre, mientra él jugaba, y entonces me puse a trabajar. Todos los días, de 7 a 10, repartía la carne para una carnicería del pueblo, y de 10 a 12 le hacía los mandados a una señora.

El era un alcohólico no violento. Cantaba en la orquesta del pueblo. Después el alcohol le ganó y dejó de cantar, pero me incitaba como diciendo que yo era el que tenía que seguir con su carrera, y eso fue lo que hice. Cuando se murió mi viejo, en 1993, medio que me costó encontrarle sentido a la vida, porque yo todo lo hacía por él. Cada vez que sacaba un disco iba a mi pueblo, buscaba a mi viejo, nos íbamos al medio del campo, yo colgaba los parlantes de un alambre de púa y en el medio nos sentábamos con mi viejo, hacíamos un asado, y escuchábamos el disco. A ver lo que le parecía a él. Mi viejo era un visionario. El me dijo que Sólo le pido a Dios iba a ser un himno. El y mi vieja se peleaban muchísimo. La relación entre ellos fue un trauma para mí, pero mi relación con cada uno era muy linda. A partir de la muerte de mi viejo, mi vida fue de otro color. Los colores son así para mí: en el campo es un color, en el pueblo es otro color, en Buenos Aires es otro color, y después de la muerte de mi papá, es otro color. Todavía sigo teniendo el color de la muerte de mi papá.

Cuando era chiquitito que me llevaba en el tambero cuando sacaba los tachos de la leche al camino principal, donde pasaba el camión a buscarlos, y ya ahí cantaba mi viejo, y a mí me gustaba cómo cantaba, lo hacía muy bien, como Alberto Castillo. Cada vez que yo editaba un disco me desvivía por llevarlo al campo y hacérselo escuchar a mi viejo. Porque mi viejo era para mí La Voz; cantaba en el conjunto del pueblo, que era un conjunto muy importante, con ropas ligeras hacían rumbas, y después los mismos tipos salían con traje y bandoneones y cantaban tangos. Entonces mi viejo cantaba de todo; en una noche se cantaba 60 canciones. Yo me subía a tocar las maracas con su grupo, me sentía parte del grupo.

Era superabierto. Cuando yo empecé con eso de irme a Buenos Aires, me daba consejos. En ese entonces él tomaba mucho vino, quería darme consejos y veía que yo lo superaba; yo era un pibe grande. Y a mi viejo le encantaba comerse un asado una vez que cerraba el bar. Una noche -me acuerdo perfectamente -, cuando se fueron los clientes me dice: "Esta noche tengo que hablar con vos, nos faltan dos o tres años para que te vayas a Buenos Aires y te quiero dar algunos consejos". Entonces llego y me dice lo siguiente (imposta la voz): "Mirá, Raulito: yo sé que sí o sí te vas a ir a Buenos Aires, pero no quiero que te vayas a vivir a Ituzaingó" (rísas). Estaba totalmente en pedo. Y yo no sabía qué era Ituzaingó, así que se lo pregunté. Y él me responde, "ltuzaingó es un lugar cerca de Buenos Aires, y no tenés que ir ahí porque yo a los 18 años hice la conscripción con un tipo de Ituzaingó y ese barrio es muy violento". Lo que me quería decir era que no fuera a vivir al Gran Buenos Aires, creo. La charla quedó ahí. A los pocos días hablamos otra vez y me dice: "Acordáte, Raulito, que no quiero que vayas a vivir a Ituzaingó, ¿eh?". Entonces un día le digo a mi viejo: "Bueno, si no querés que vaya a vivir a Ituzaingó, ¿a dónde querés que me vaya a vivir?". Me mira, agarra un vaso de vino, lo toma, se sirve otro, lo toma, y me dice: "Al lado del Presidente".

Y fijáte que después terminé parando en Moreno y Defensa, a dos cuadras de la Casa de Gobierno; rnirá cómo son los mandatos... Un día, un tipo que solía ir a jugar al fútbol a Buenos Aires me dijo: "Andáte al (Colegio) Nacional de Buenos Aires y averiguá por las pensiones, porque sé que hay muchas por ahí. No te piden nada, ni documento, vos pagás el mes y estás a salvo". Entonces paré a dos cuadras de la Plaza de Mayo. Yo  adoro esa plaza, es una emoción gigante. Así son los mandatos.

Si leemos este material sobre León , sorprende el "fuerte enganche" de León con su padre...leer la historia contada y después escuchar la letra de este tema poniendo -aquí, no allá- al padre en un lugar de autoridad y sabiduría, es conmovedor:

"(..) pregunta por mi padre y te sabrán decir
que es un campesino amigo del sol.
Busca a mi padre y dile que estoy bien
que mi conciencia sigue libre
y que siguen muy mansos mis pensamientos.
Dile que extraño las cosechas
el rumor del bosque y la hierba,
las frutas frescas y del verano la siesta"


El sonido de la guitarra de Gorosito me impactaba mucho.
A un tema simple como éste, le sigue uno mas complejo, "Dime que estás llorando", totalmente alejado del estilo tradicional de León. Un tema con cortes y cambios de ritmo, que incluye -en solo de piano- a un pibe de 17 años llamado Alejandro Lerner. Es evidente la influencia del Litto Nebbia de Melopea tanto en la manera de cantar, como de los arreglos de guitarra.
Una letra inocente y cándida (jeje):

"Riega tu corazon con lágrimas y podrás seguir adelante
grita por las calles y si te matan quedará tu grito resonando"

"Quien te dijo amigo que lo sucedido no se puede mejorar
Los que ponen precios a los hombres están fuera de la ley.
Cuida bien tu cabeza que hay quienes pagan por ella"


Otra letra con <<extrañas propuestas>>: "Un día Baltasar"

"Las tierras deben ser del que las siembra
porque yo estoy dando todo y hay quien se lo lleva
esto es para usted señor patrón
y como va a conocer su campo si está
sentado en un sillón con su esposa mirando televisión"


Pero de repente León se vuelve completamente loco, y manda "John el cowboy", su primer Bandido Rural:

"Dicen que en un tiempo atrás
vivía JOHN LENNON amigo del pueblo
con sus pistolas cargadas y no respetaba
en su vida la ley
La señora del alcalde, lo esperaba en las noche a John
el cura las prostitutas y la gorda vieja dueña del salón.

Un día en un caballo muy viejo
enterró al sheriff de ese lugar
sobre su tumba puso un dólar y una placa
diciendo <<LADRON>>.
En pocos días mató a los ayudantes
y ahorcó al señor Juez
tiró tres tiros al aire y dijo
que el pueblo estaba en libertad.

Tres días después llegó el ejercito
cargado de indios muertos.
Despues de violar a las mujeres
mataron en el pueblo a John.
Así termina la historia de un pueblo
y de un hombre cargado de honor
y no voy a estar negandoçque en todos los pueblos
algo así ocurrió"


"A veces mi pueblo azul es gris"
Un carnavalito-rock -muy triste, melancólico- donde aparece el charango de León y una flauta dulce muy afinada a cargo del Miguel (de Aucan).

Pero León no puede con su genio y vuelve a meterle ideas extrañas a la juventud:

"Vengo de un pueblo azul
donde los ricos cantan su grandeza y su riqueza
donde los pobres escupen su angustia y su pobreza"


"Ahora caete aquí"
A esta altura, uno se convence de que Gieco está decidido a amargarnos la existencia.¿Acaso no escuchó nunca "La Felicidad" o "Yo tengo Fé" esas optimistas páginas de Palito Ortega?
Qué sentido tiene decir decirnos cosas como estás?:

"Quien pudiera tener un poeta negro en su cabeza
quien pudiera curar un corazón desgajado por la violencia
Yo que una vez puse tierra en tus pies
ahora caete aquí, que mi mente delira...."

"Hacete un lugar que el angel ya murió
con su lengua torcida en un árbol
A todos los hombres que nacieron para salvar un país
los mataron"


El tema que parece un aviso que pasó desapercibido... ¿a ver si adivinan para quienes?..."Algo fuerte, amigo, va a caer"

"(...) Animales vagabundeaban por la gran ciudad hambrientos, hambrientos"

Finalizando, "Mil Gaviotas están muertas"

Un tema que comienza muy suave, y donde León canta con mucha dulzura e inocencia. Y es obvio, era un chico de solo 22 años cuando lo grabó, que soñaba con ser felíz, con un mundo mas justo, mas solidario...todo aquello que parece imposible... y que donde es medianamente posible, se lo cuestiona...

"Algunos tienen el sol
pero se queman por estar cerca
A otros los ataja el acero.
Mil gaviotas están muertas
en las playas desiertas
algunos comienzan a vivir
y otros se mueren en el intento
del comienzo."


Tano de Palermo
(Dedicado a estos jóvenes despiertos de la lista y la gente de todos los otros países latinoamericanos)

Ya soy un croto
"Puede ser que ese espíritu haya salido de mi infancia y de la necesidad. No sé a quién adjudicárselo, pero me salía desde chiquito. A los siete años yo repartía carne y después empecé a vender Bidú Cola, empanadas, alfajores y revistas en la parada del tren. Ahí noté la presencia de dos linyeras, a los que siempre respeté porque no buscaron trabajo, sino que renunciaron a la vida y sus profesiones. Eligieron ser caminantes y marginales.

"Siempre digo que a mi abuelo le hubiese encantado ser linyera, pero no le daba el cuero. Cada vez que venía un linyera ordenaba que en casa se le preparara una habitación. Se armaba el lugar para el linyera, cerca de las bolsas de cosecha y hasta se le ponían sábanas nuevas. El linyera saludaba y se quedaba ahí. A la mañana y a la noche se le daba de comer, pero nadie le pedía que trabajara porque mi abuelo decía `guarda con pedirle que haga algo'. Sabía que había renunciado a trabajar. El tipo se quedaba tres días y se iba.

"Cuando era tres o cuatro años más grande y me voy a vivir al pueblo de Cañada (Rosquín) -siguió su relato- empiezo a hacer lo de mi abuelo. Como repartía carne, le afana algo al carnicero, armaba un paquete más y se lo dejaba a los linyeras. Los jueves ya me esperaban y cuando me acercaba con la bici veía que decían `ahí viene el pibe'. Cocinaban su puchero y comían como los mejores.

CORTITA DE GIECO

-¿No se cansa nunca?
-No, porque ir a la ruta, estar en el interior es un descanso. Yo me siento así desde los doce años, cuando me subía a los camiones con la viola y me iba al Chaco, a Jujuy, a Tucumán, a Mendoza. Viajé por todo el Sur, me llevaba la guitarra y paraba en los bodegones a tocar algunas canciones y ellos me dejaban la comida gratis a mí y al camionero. Para mí era muy atractiva esa vida. A los 18 años me vine a Buenos Aires y empecé a trabajar de músico, lo que me posibilitó salir otra vez por las rutas. Hay dos cosas que me emocionan muchísimo cuando viajo. Nosotros vamos acostados en el micro, por la mañana cuando va saliendo el sol me encanta correr las cortinas e ir acostado así y ver pasar el paisaje. Eso me produce una sensación tan placentera en el estómago que no se puede creer, y la otra es escuchar el sonido de los autos que pasan a velocidad por al lado. Por eso me las rebusco para estar siempre de gira.

Eso me permite componer canciones con mucha influencia de las músicas del interior, porque hay que tener en cuenta que Buenos Aires es un poco ficción. A veces parece que está todo y a veces no encontrás nada

...acaso acá no hemos tenido políticos que nos han vendido todo y son los mismos que dicen que hay que quedarse. Yo me acuerdo que nosotros pensábamos en la Bandera, en el Himno Nacional, en la Patria... mientras los militares y los políticos corruptos nos quitaban la bandera, el himno, la patria.

No hay duda, bandidos eran los de antes: "La verdad que cuando veo a algunos funcionarios me quedo con Vairoleto y Mate Cosido". Dos tipos fuera de la ley que merecían estas canciones.

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